miércoles, 6 de mayo de 2015

Atrapada en este Amor: Capítulo 51

Paula se había quedado asombrada por aquella confesión. Se preguntó si se lo habría dicho también a Pedro. Tal vez la falta de sueño y la preocupación le habían hecho bajar la guarda. Paula estaba segura de que se lamentaría por lo que acababa de hacer. Sin embargo, decidió que no podía tenerle compasión a Ana. Después de todo, ella quería arrebatarle a su hijo. Eso la convertía en un ser peligroso.
—Yo puedo llamar al señor Gimenez para que venga a por mí.
Ana se volvió y miró a Paula con una expresión de perplejidad en el rostro.
—Acabo de darme cuenta de que no tengo coche —dijo—. Vine aquí con la policía.
Paula sonrió.
—Bueno, en ese caso, tendrá que recogernos el señor Gimenez.
El guardaespaldas llegó en la limusina unos minutos más tarde. Cuando Paula y la señora Alfonso  se montaron en el asiento trasero, se encontraron con un sonriente Franco.
—Toda la noche y la mitad del día —gruñó el guardaespaldas—. Necesitas que te examinen la cabeza. No puedes pasar sin comer ni dormir.
—Tenía otras prioridades —le dijo Paula mientras abrazaba a su hijo—. Espero que te hayas portado bien, Franco.
—Sí, mami.
— ¿No has vuelto a tirar más patitos de goma por el retrete?
—No, sólo trapos.
Paula  lanzó un gruñido.
—Pedro solía hacer eso —murmuró la señora Alfonso—. Y, en una ocasión, metió la marcha del coche y se deslizó en su interior colina abajo. Cuando conseguimos parar el vehículo, estábamos frenéticos, pero él no hacía más que reírse y repetir que quería volver a hacerlo.
Paula sonrió. Trató de imaginarse a Pedro de niño, pero no pudo. Sabía muy poco de su vida privada o de su pasado. En realidad, nunca habían hablado. En el pasado, él la había deseado demasiado. Se la metía en la cama o la llevaba a cenar y poco más. Cuando hablaban, lo hacían casi siempre sobre algo impersonal. Jamás hablaban de sí mismos o del futuro. Pedro parecía pensar que no existía.
—Me dijiste que Pedro no sabía que yo tenía vientiún años... ¿Le importó cuando se enteró? —le preguntó a Ana.
—Le importó mucho. Las muchachas de vientiún años se enamoran y se desenamoran con mucha facilidad. También estaba el hecho de que tú no supieras mucho sobre los hombres. Él había dado por sentado que tú tenías experiencia, según creo.
— Sí, es cierto... Yo quería salir con él. Las otras chicas me dijeron que él no tendría nada que ver con las buenas chicas.
—Oh, Paula...
—Resulta maravilloso poder mirar atrás —susurró, besando distraídamente el cabello de Franco—. Cometí muchos errores, pero estaba muy enamorada de él.
—Él no lo sabía.
—No quería saberlo. Me dijo una y otra vez que huía de los compromisos. El matrimonio significaba fidelidad y él no creía en ella... —dijo Paula. Reclinó la cabeza sobre el asiento y cerró los ojos—. Estoy tan cansada...
—Yo también. ¿Vas a regresar al hospital?
— ¿Cómo no voy a hacerlo? Él necesitará un chivo expiatorio. De hecho, el señor Gimenez me dijo hace unos días que era mejor que tú y yo encontráramos un buen agujero para escondernos cuando supiera la verdad.
—Bueno, supongo que yo podría comprar la pala —comentó Ana con una sonrisa—. Eso si tú me ayudas a cavar.
—Mientras Pedro esté lo suficientemente bien como para arrojarnos a las dos dentro —replicó Paula  riendo—, no me importa.
—Claro que no.
Dejaron a Ana en su casa y, a continuación, se dirigieron a la de Paula.
— ¿Cómo está? —le preguntó el guardaespaldas, cuando Franco estuvo sentado delante de la televisión viendo un programa educativo.
—Su estado es crítico, pero sobrevivirá. Entré en la UCI y le desafié a que me dejara hacerme con su empresa. Creo que eso le hizo reaccionar. Cuando nos marchamos, estaba luchando.
—Buen incentivo.
—Espera hasta que recupere el conocimiento. No me gustaría estar cerca de él entonces. Y su madre va a sufrir las consecuencias.
—No has conseguido olvidarlo, ¿verdad? —le preguntó el señor Gimenez.
Paula se dió la vuelta, negándose a responder.
—Necesito dormir unas horas. ¿Te importa llamarme sobre las cinco?
—Claro. Yo cuidaré del niño. Por cierto, Joaquín ha llamado.
— ¿Le dijiste lo de Pedro?
—No. Eso es asunto tuyo.
—Me gusta tu sentido de la lealtad, señor Gimenez— comentó ella con una sonrisa.
—Yo trabajaba para Juan, no para su hermano. Además, Joaquín está tramando algo.
—No estoy ciega —replicó ella—. Llevo semanas escuchando retazos de conversación y he descubierto muchas cosas la última vez que he estado en Chicago. Sé lo que está tramando. Está negociando a mis espaldas. Cuando esté más despierta, voy a comprobar esos poderes. Si está tratando de negociar con Pedro, tendrá que tener firmes promesas de apoyo para su posición. — ¿Crees que hablará alguno de sus contactos? —La mayoría no se atrevería. Sin embargo, el tío abuelo de Pedro es un hombre de palabra y lo hará. Siente simpatía por mí.
El señor Gimenez sonrió ante el aspecto que ella tenía, aun estando mal peinada y medio dormida.
—No lo culpo. A mí también me gustas. —Eso jamás le ocurrió a Pedro—comentó Paula,frunciendo el ceño—. Me deseaba. Estaba obsesionado conmigo, pero no me conocía de verdad. Yo sé más sobre tu pasado que sobre el de él. No creo que jamás habláramos de nada personal.
—Hace seis años eras una persona muy diferente.
—Sí. Efectivamente, ya no soy la mujer que él recuerda. Me pregunto si se ha dado cuenta.

4 comentarios:

  1. ayyy Naty... cuando van a ser felices y dejar de sufrir ? llegara ese dia ?.. mucha tristeza, pero bue.. esta buena la historia !

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  2. Ayyyyyyyyy, qué hermosos los 6 caps Naty, espectaculares!!!!!!!!!

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  3. Muy buenos capítulos! Ojalá Pedro despierte pronto y se den esa charla que él buscaba antes del accidente!

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  4. ooooooohhhhhhhh q buenos capitulos Naty

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