lunes, 4 de mayo de 2015

Atrapada en este Amor: Capítulo 39

—Lo siento, cariño, pero yo necesito al señor Gimenez y tú no puedes quedarte aquí solo. Me aseguraré de que pasamos mucho tiempo juntos después. ¿De acuerdo?
—Bueno.
Joaquín le dedicó una mirada de apreciación cuando la vio.
—Estás muy bien —dijo—. La ejecutiva de Gonzalez en persona.
—Me alegro de que me des tu aprobación —replicó ella con una sonrisa—. Bueno —añadió, tras mirar su Rolex de oro—, son casi las siete. ¿Nos vamos?
—Creo que sí. Deduzco que no querías estar en el principio de la reunión.
—No hay necesidad —repuso Paula—. Como tú dijiste, nos llamarán al móvil cuando llegue el momento de votar. Presentaremos nuestros poderes y realizaremos nuestra oferta a ver qué ocurre.
—Me parece bien.
El edificio en el que Alfonso Properties tenía su sede estaba completamente iluminado. Pedro y Ana ya estaban en la sala de juntas, tras haber disfrutado de un delicioso bufé. A pesar de todo, él no hacía más que pensar en Paula. Con estar lejos de ella, sólo había conseguido desearla aún más. Sabía que no iba a poder sustituirla, por lo que se estaba preparando para volver a conquistarla. Cuando hubiera zanjado aquel absurdo tema de la absorción, su atención se iba a centrar plenamente en recuperar a Paula.
Quería volver a intentarlo, pero, antes de que pudiera ir a casa  de Paula para decírselo, los negocios le habían obligado a marcharse de la ciudad. Cuando regresó, se enteró de que estaba bajo la amenaza de una OPA hostil por parte de Gonzalez Internacional y que ésta había obtenido poderes sobre una gran cantidad de acciones. La empresa se encontraba en una situación muy delicada, por lo que el hecho de tratar de bloquear la OPA le había llevado todo su tiempo.
— ¿Has podido hablar con Joaquín Gonzalez? —le preguntó a uno de sus ejecutivos.
— Estará aquí —respondió el aludido — . ¿Crees que está detrás de esta OPA?
—No lo sé —contestó Pedro—. ¿Tienes idea de quién está manejando los hilos?
—Por supuesto. Estoy seguro de que se trata de la viuda de Juan Gonzalez. Es una mujer muy inteligente. Se ocupa de la rama nacional de la empresa y gana dinero a raudales. Dicen que el propio Henry la preparó. Es muy inteligente y está empeñada en conseguir los contratos de los minerales. Nosotros le estorbamos para sus planes de expansión, lo que podría ser una desventaja para ella en su propia empresa. Ellos quieren resultados.
—Y yo estoy empeñado en no cedérselos —replicó Pedro —. Que me aspen si permito que una viuda rica venga aquí y me diga lo que tengo que hacer con mi propia empresa.
—Te aseguro que es muy inteligente. Si no lo fuera, Don se estaría ocupando por completo del negocio. Dicen que él está a la sombra de ella.
—No me parece un lugar muy cómodo —musitó Pedro.
El hombre asintió y se volvió para saludar al resto de los asistentes a medida que estos iban ocupando sus puestos.
En el exterior del edificio, los ocupantes de una enorme limusina negra esperaban una llamada de teléfono. Cuando el aparato sonó, Paula le dio un beso a su hijo y salió del coche.
Llevaba un abrigo de cachemir de color grisáceo que enfatizaba aún más la belleza de su piel. Entró por delante de Don en el edificio y se dirigió hacia la sala de juntas.
— ¿Estás nerviosa? —le preguntó él cuando se detuvieron frente a la puerta cerrada.
—Ahora no —replicó ella—. Irónico, ¿verdad? Tendría que estar temblando, pero no es así. Casi me da pena ese hombre.
Joaquín asintió. Entonces, abrió la puerta y los dos entraron en la sala.
Paula  vio a Pedro y a su madre sentados en la cabecera de una larga mesa de reuniones. La sala estaba repleta de personas. Al ver a Paula, Pedro frunció las cejas, lo mismo que su madre.
El ejecutivo que estaba hablando indicó a Joaquín con un gesto de la cabeza.
— Esta noche tenemos un punto diferente —dijo, refiriéndose a Pedro—. Gonzalez Internacional se ha dirigido a nosotros para realizar una oferta de absorción. Le doy la palabra a Joaquín Gonzalez, si no hay objeciones, para que escuchemos su oferta.
—No hay ninguna objeción —dijo Pedro sin dejar de observar a Paula  completamente asombrado—. Sin embargo, me gustaría saber por qué necesitamos una camarera esta noche —añadió, muy molesto al encontrarla en compañía de  Joaquín Gonzalez. ¡Paula era suya!
Aparte de Ana y de Joaquín, Paula fue la única que comprendió el comentario. No respondió. Se limitó a sonreír a Pedro sin dejar de pensar en sus insultos, en su hábil seducción y en su traición. De repente, la tarde se había llenado de malignas posibilidades y Paula estaba deseando tomar parte en ellas. La ira que sentía por Ana adoptó un segundo plano para centrarse en Pedro. Se lo merecía. Ya le había hecho suficiente daño en el pasado.
Pedro colocó la manos sobre la mesa cuando vio que Paula no contestaba.
—Hará falta mucho más que una oferta para quitarme mi empresa, como muy bien va a descubrir todo el mundo.
—Pedro, no es tu liderazgo lo que se está cuestionando —comentó Bill, muy rojo—. Simplemente se trata de que muchos de nosotros creemos que estás muy empecinado con estos contratos de minerales.
—Tengo derecho a ello —rugió él—. ¿O acaso se te ha olvidado que Juan Gonzalez hizo todo lo que pudo para apartarnos del negocio antes de su muerte?
Paula  desconocía aquel detalle. Miró a Joaquín , pero él no le devolvió el contacto visual.
—Esto no tiene nada que ver con los negocios de hoy —continuó Bill—. Al menos, deja que el resto de nosotros sepamos lo que Joaquín tiene que decir.
Pedro se reclinó en su silla, consciente de la curiosidad de su madre por la presencia de Paula. Él también la miró.
—Creo que he mencionado que esta reunión es sólo para accionistas —dijo con la amargura por haber visto a Paula en compañía de Gonzalez y vestida de aquel modo, con unas prendas que no se podía permitir con el sueldo de camarera que recibía en el restaurante. ¿Sería Joaquín su pareja, el amigo especial que tenía en Chicago? Sabía muy bien que Paula no tenía acciones en su empresa, entonces, ¿por qué estaba allí?
—Estás un poco fuera de tu elemento, ¿no te parece, Paula? —le dijo muy fríamente.
— ¿De verdad? —preguntó ella muy dulcemente.

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