Cuando comenzó a sonar sintió una oleada de calor por el abdomen. A la tercera llamada la dominó el pánico y fue a colgar, pero antes de que pudiera localizar el maldito botón, oyó la voz somnolienta.
-¿Hola?
-Hola, Tomás, soy Paula --el corazón le palpitaba con tanta fuerza que apenas logró captar su propia voz.
-¿Hmm?
-No... no hables -se apoyó sobre las almohadas y bajó la voz a lo que creyó que era un tono sexy-. Simplemente escucha.
Después de pasar seis años en el departamento de policía, el oficial Pedro Alfonso debería haber estado acostumbrado a llamadas intempestivas, pero aún le costaba centrarse en la voz que había del otro lado de la línea.
¿La mujer había dicho que se llamaba Paula? Intentó situar el nombre... ¿sería una nueva telefonista de la comisaría? Parpadeó para despejar las telarañas que tenía sobre los ojos. La una y media. Maldición, hacía una hora desde la última vez que había mirado el reloj. Su insomnio intermitente parecía haber empeorado a medida que subía la temperatura. ...y para colmo lo interrumpían.
-Tomás, sé que es tarde, pero he estado pensando en... nosotros... toda la noche y me preguntaba ... es decir... -la mujer con la voz sensual respiró y Pedro abrió la boca para decirle que se había confundido-. Estoy sin braguitas.
Cerró la boca y sintió que se le agitaba la masculinidad, demostrando que al menos una parte de su cuerpo procesaba información. Sonó una leve risa temblorosa.
-Siempre me he preguntado si eres un hombre que lleva boxers o calzoncillos.
¿Qué intenciones tenía esa mujer misteriosa? ¿Entablar una conversación erótica para tentar a ese Tomás a ir a su casa?
-Boxers -soltó Pedro, luego tragó saliva y se apoyó en la almohada. ¿Es que había perdido la cabeza? ¿O, más apropiadamente, había perdido la vergüenza?
-Hmm. ¿Duermes con ellos puestos? .
Cuando duermo». Aunque no era capaz de recordar una interrupción más placentera... pocos de sus sueños eran tan buenos. Podría haber pensado que su compañero le gastaba otra broma, pero incluso Marcos no llegaría tan lejos, y la mujer parecía sincera. A pesar de que su trabajo requería que tomara decisiones de vida o muerte en segundos, se encontró sumido en la indecisión: no sabía si seguirle la corriente o colgar. Su cuerpo tomó la decisión enviando una marea de deseo a su entrepierna. ¿Qué daño había en sucumbir a un impulso salvaje? Antes que tuviera tiempo de pensárselo, musitó:
-Hmm -mantuvo el auricular a unos centímetros de distancia, ya que sabía que ella podría descubrir el error en cualquier segundo. Por otro lado, si desconocía la clase de ropa interior que llevaba Tomás. Hoy, quizá acababa de conocerlo. O tal vez fuera una prostituta. Pedro había vivido en el Sur casi toda su vida adulta, pero no conocía a ninguna mujer que se llamara Paula.
Wowwwwww, qué intensa empezó esta nove. Espero que Paula no se desilusione cuando sepa que Pedro no es Tomás.
ResponderEliminarMuy buenos capítulos! pobre paula! encima que le cuesta se equivoca! cuando se entere que no es el novio!
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