martes, 7 de abril de 2015

Una Llamada Inesperada: Capítulo 7

-Decididamente. Haz algo para excitarlo. Ya sabes, aparece en su casa sin llevar
otra cosa que un cinturón, o algo por el estilo.
-¿Y si me rechaza? -se mordió el labio.
 -Él se lo perderá y entonces sabrás dónde estás -se encogió de hombros--. Pero confía , en mí, no te rechazará.
Cuando iba a formar más palabras de protesta, observó su imagen lasciva y se animó ante las posibilidades. Todos los días se enfrentaba a situaciones de vida o muerte en el hospital. ¿Por qué iba a preocuparle hacerle insinuaciones a un hombre con el que llevaba : saliendo meses? Quizá porque era más seguro dejar que siguiera creyendo que era Miss Modestia que liberar la pasión que bullía bajo la superficie.
-Vamos --dijo Cecilia, apagando el cigarrillo-. Invitemos a Stacey a bailar con el pirata. Vi cómo lo miraba. Además -guiñó un ojo-, tenemos que trazar algunos planes.
Paula siguió a su amiga y sintió el comienzo de un dolor de cabeza. Mientras la mayoría de la gente tenía una conciencia, su conciencia tenía una conciencia... algo que frenaba sus impulsos y hacía que se comportara bien.
Tragó saliva. Al menos hasta el momento.
Paula  entró en el apartamento y encendió la luz. Un poco mareada por la última copa, se quitó los zapatos y observó el nuevo teléfono, pero la luz de mensajes no parpadeaba. Extrajo el auricular de la base y se dirigió al dormitorio, sin nada de sueño.
En las últimas horas había pensado en el : consejo de Cecilia y se había dejado llevar por la cresta de la ola erótica que nació en el club. ó había llegado a la conclusión de que su amiga tenía razón... Tomás esperaba que ella diera el siguiente paso. Durante el trayecto de vuelta en taxi, Cecilia le había recomendado la opción más segura y erótica: sexo por teléfono.
A pesar de que era una de sus fantasías favoritas, tuvo que protestar, ya que no sabía
cómo hacerlo.
-¿Qué hay que saber? -había preguntado su amiga-. Hablas, gimes y cuelgas.
-Pero, ¿cómo le pregunto si quiere hacerlo?
-No preguntes, hazlo.- Avanzó despacio en la oscuridad y se descalzó. ¿podría lograrlo? El hecho de que nunca antes hubiera participado en sexo telefónico potenciaba su expectación. Respiraba con agitación, los pechos le cosquilleaban y tenía los muslos casi húmedos.
Encendió una lámpara, luego redujo la iluminación para que bañara solo la cama de hierro forjado y el edredón de color mostaza. Después de quitarse los vaqueros y doblarlos sobre la silla del tocador, se sentó en el borde de la cama. Suspiró. No tardaría en averiguar si sus fantasías excitarían o asustarían a Tomás.
Miró el reloj. La una y media de la noche del miércoles. Tomás estaría profundamente dormido  . Aunque si las cosas salían según lo planeado, despertaría a los pocos segundos. Antes   de poder pensárselo mejor, se quitó las braguitas blancas de algodón y las dejó caer sobre la alfombra. Las manos le temblaban un poco al sostener el teléfono y apretar el botón para marcar el número programado de Tomás.

No hay comentarios:

Publicar un comentario