-Pensé que ya era hora de hacerte saber lo que siento.
O quizá el amigo de ella no tenía ni idea de la joya con la que salía.
-De acuerdo -aventuró.
-Pero no si con ello te sientes incómodo.
La inseguridad de esa tal Paula le resultó enternecedora. ¿Sabía lo sexy que era su voz? y lo único incómodo en ese momento era su erección cada vez más tensa.
-Está bien. Hmm... continúa -cuando reinó el silencio, tuvo miedo de que lo hubiera descubierto..
-¿Puedes quitarte los boxers? -susurró ella.
Pedro bajó las manos y se los quitó en tres segundos, algo no muy fácil en un colchón de agua con un teléfono al cuello.
-Fuera. ¿Tú. ...se humedeció los labios ...tú estás desvestida?
-Todavía no. Llevo puesta una blusa blanca con botones y un sujetador rosa.
-Puedes... -Pedro cerró los ojos -quitártelos, instó.
Por los sonidos que captó, dedujo que se estaba desnudando. La cabeza le dió vueltas y se preguntó cómo sería esa mujer llamada Paula. ¿Pelirroja? ¿Morena? ¿Rubia? ¿Ojos castaños? ¿Azules? ¿El pelo largo, corto? Partes de su mujer de fantasía encajaron en su sitio. Pelo largo y oscuro, ojos azules, una sonrisa hermosa, con curvas, y desnudándose.
-Me los he quitado. Pedro se mordió la lengua para no hacerle preguntas que pudieran poner fin a la llamada. Metió la mano bajo la sábana arrugada .
-Hace calor aquí --continuó ella para alivio de Pedro-. y no podía dormir después de salir del club. Toda esa desnudez me afectó.
¿Era una bailarina que se desnudaba? Eso explicaba el nombre artístico. Su conciencia se alivió un poco. Al menos no era una mujer inocente que se desprendía de su recato por primera vez. y debía de tener un cuerpo increíble. Su leve acento no pertenecía a una bella sureña, pero en su mente Paula era tan exuberante y dulce como insinuaba su nombre.
-Necesito relajarme -suspiró ella. Pedro casi pudo sentir el calor de su aliento el cuello. Su respuesta fue un gemido bajo de ánimo.
-Últimamente he estado pensando que podríamos buscar más. ..intimidad.
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