Paula Chaves se mordisqueaba la uña del dedo pulgar mientras leía en voz alta las instrucciones de su nuevo teléfono-contestador de lujo con la esperanza de que las palabras tuvieran más sentido esa tercera vez.
-Cuando elija el botón de marcación directa, se activará la opción de manos libres si con anterioridad se ha seleccionado el modo de respuesta automática. Véase página 38-B, diagrama H.
Paula frunció los labios, luego musitó un juramento.
Después de apretar la tecla para borrar la programación, desenchufó los tres cables y empezó otra vez desde el principio del maldito manual. Noventa minutos y seis uñas más tarde, consiguió que el aparato diera tono y soltó un grito de triunfo. Tiró el manual de instrucciones; que cayó sobre el vídeo, el cual, después de tres años, aún mostraba las 12:00. Menos mal que el vídeo y el televisor habían sobrevivido a la tormenta eléctrica que había estropeado su teléfono. Convencida de que en cualquier instante perdería de forma misteriosa la capacidad de marcar, se dejó caer en el sofá y llamó a su amiga Cecilia.
-Casa de Sumisión -respondió Cecilia.
-Eres terrible - rió Paula-. ¿Y si hubiera sido el doctor Halbert quien te llamaba para presentarte en el trabajo?
-No pienso ir aunque llame. Por nada del mundo me perdería esta despedida de soltera.
-En cuanto a la fiesta... -carraspeó.
-¡Oh, no, no lo harás, Paula Angélica Chaves! No vas a dejarme plantada.
-¿Cómo has averiguado cuál era mi segundo nombre?
-La cuestión es a cuántas personas de urgencias del hospital se lo revelaré si esta noche no me acompañas a Bad Boys. Además, Sofía se quedará destrozada si no apareces. Oh, vamos, Paula, diviértete un poco. ¿Tienes miedo de que a Tomás no le gustes si se entera de que has estado mirando con ojos desorbitados a hombres desnudos, sudorosos y musculosos?
Se movió en el sofá en un vano intento por encontrar una postura más cómoda.
-No. Tomás trabaja hasta tarde y dijo que no le importaba si iba.
-Santo cielo, mujer, ¿quieres decir que se lo preguntaste de verdad?
En realidad, en el fondo había esperado que Tomás se mostrara un poco celoso, en particular porque no lo había visto aún desnudo después de diez meses de salir juntos. A cambio se había mostrado sorprendido, pero explicó que no era celoso. Confiaba en ella, por el amor de Dios... qué condescendiente.
-Preguntárselo era lo más considerado que podía hacer.
-Era lo más patético. Él no es dueño de tus orgasmos.
.-Cuéntamelo a mí..
-Además, ¿qué otra cosa piensas hacer esta noche? --continuó Cecilia.
Dormir sonaba bien, pero Paula ya sabía reconocer los primeros síntomas de insomnio y supo que tendría los ojos abiertos casi toda la noche. Buscó una excusa que pareciera algo atractiva.
-Programar números en mi nuevo teléfono.
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