Regresamos a mi departamento cuando empezaba a anochecer, me dijo que me cambiara porque iríamos a cenar a un restaurante. Cuando estuve listo me pidió irnos en su coche, yo la había enseñado a manejar y acababa de comprarse un Toyota. Me sorprendió que llegáramos a su departamento y me argumentó que ahí tenía mi regalo, así que bajamos del auto y subimos por el ascensor. En cuanto entramos y encendió la luz se escucharon varias voces que gritaron Feliz Cumpleaños y me quedé sorprendido al ver ahí a toda mi familia y a Jennifer, entre otros amigos de la universidad y de mi trabajo, volteé a ver a Pau y me abrazó entusiasmada, al oído me susurró sorpresa.
Después me fueron abrazando uno por uno, mi madre, mi padre, Luciana, Federico, Gastón, Rosa con todo y gemelos aún en su vientre, Jennifer y hasta Facundo, tal vez mi cumpleaños era la fecha ideal para dejar rencores atrás, debía aceptar que jamás había visto a mi mejor amiga tan contenta y realizada, al parecer él había aprendido de sus errores y mientras la hiciera feliz, yo debía estarlo por ella.
Ese había sido uno de los mejores cumpleaños de mi vida, el primero al lado de mi Paula, quien me había sorprendido con una fiesta que jamás imaginé. Hoy era su cumpleaños y ahora ella era la sorprendida, no sólo por haberla llevado a la playa a pasar el día, sino por el regalo que le esperaba en el bolsillo de mi pantalón y para entregárselo había planeado un jueguito que ella había empezado a seguirme. Ya me encontraba yo en la barra del bar del Rose Imperial esperándola.
Llegó puntual, exactamente a la media hora, en cuanto me vio, sonrió y se mordió el labio inferior, yo también le había preparado una fiesta sorpresa, aunque sólo para dos, me dio tanta pena que sus papás no hayan querido viajar para verla, su situación es más complicada de lo que había pensado, al menos mi familia la adoraba y nos esperaban el fin de semana para festejarla en grande.
Me levanté del asiento y caminé hacia ella, le ofrecí mi brazo y lo tomó, caminamos en silencio a los elevadores, subimos al piso de siempre, a la misma habitación, donde justamente un año atrás la había hecho mía por primera vez y sin saberlo, había abierto la puerta a una nueva vida llena de amor y de locuras, sorprendiéndome a mí mismo de lo que había sido capaz de hacer con tal de tenerla a mi lado.
Entramos a la habitación, en la mesa estaba ya una charola con dos hamburguesas y papas fritas, por supuesto, en platos separados, hasta en eso era diferente mi niña. Cuando las vio el rubor inundó sus mejillas, me encantaba que aún hubiera momentos en que se ruborizara después de tantas cosas que ya habíamos hecho juntos, la abracé por detrás, escuché su risa, le di unos besos en el cuello y subí lamiéndolo hasta llegar al lóbulo de su oreja, ella empezó a jadear.
– Paula Chaves, ¿estás libre todas las noches de tu vida? – susurré en su oído y después la hice girar para mirarla de frente – ¿para compartirlas conmigo? – agregué colocándole el anillo.
– Por supuesto que sí Pedro y me encantará compartirlas contigo – respondió emocionada mirándome.
Jamás se había sentido tan maravilloso perder la libertad, a decir verdad yo la había perdido desde que la conocí, pero lejos de ser un reproche o un agobio, había sido la mejor de las aventuras al lado de mi compañera perfecta, quien será mi esposa y mi amante por el resto de nuestras vidas.
FIN
Amé esta historia, tierna y a la vez divertida. Me encantó.
ResponderEliminarhermosa historia de principio a fin! Me encantó! Gracias por compartirla Naty!
ResponderEliminarMe encanto la historia! Muy divertida!
ResponderEliminarWow! Que hermosa historia!! Me engancho de principio hasta el final!
ResponderEliminaruna de mis novelas preferidas ... la ame !!!
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