Eran 11:55 de la noche, estaba sentada en el banquillo pegado a la ventana viendo caer la lluvia, no podía evitar recordar aquella tarde que Pedro y yo danzamos debajo de ella, él ahora no estaba conmigo, tenía una semana en Londres supervisando los últimos detalles para la inauguración del nuevo hotel. Este departamento no es lo mismo sin él, sin nuestros juegos, nuestras pláticas o simplemente estando abrazados sin decir nada, mi corazón se oprime al pensar que estuve a punto de perderlo por mis inseguridades, afortunadamente todo se resolvió y ahora somos los más felices.
Estos meses a su lado han sido maravillosos, a veces tenemos nuestras diferencias y discutimos, no todo es miel sobre hojuelas, pero siempre las reconciliaciones son lo mejor, no podemos estar mucho tiempo enojados, hemos aprendido lo que le molesta al uno del otro y tratamos de evitarlo, aunque claro, no hay parejas perfectas.
Han pasado varios acontecimientos en estos meses, Jennifer y Facundo ya son novios, los dos están muy enamorados y eso me da mucho gusto, como también el haber podido conservar la amistad de él, ya hasta me ha hablado de sus planes de boda con ella, sin duda ha crecido como ser humano. Finalmente Pedro ha aprendido a sobre llevarlo, sigue sin ser su persona favorita, pero al menos podemos salir los cuatro y se siente un ambiente agradable, se ha dado cuenta que su amor por Jennifer es auténtico y que ella es sumamente feliz a su lado. Ella y yo nos hemos convertido en grandes amigas y salimos juntas de compras o a tomar café.
Mi queridísimo cuñado Federico ya es papá de dos hermosos gemelos, una niña que llamaron simplemente Rose y un niño que lleva por nombre Kellan, así que Rosa se alejó del modelaje para dedicarse a ellos, jamás imaginé que tomara esa decisión, pero ella misma me dijo que lo que más había anhelado en el mundo era ser madre y ahora que al fin se había cumplido ese sueño, lo sería de tiempo completo.
El sonido del celular me sacó de mis pensamientos, miré el reloj y justo era medianoche, ¿quién podría llamarme a esa hora?, sonreí feliz al darme cuenta que era Pedro, pero, ¿qué hacía despierto tan temprano?, en Londres eran las cinco de la mañana.
– Hola mi amor – respondí sonriente.
– ¡Feliz cumpleaños corazón! No pensaste que se me olvidaría, ¿verdad?
– No, pero tampoco esperaba que me felicitarás tan temprano.
– Quería ser el primero, te amo y te deseo lo mejor del mundo.
– Ya lo tengo, justo hace un año lo encontré.
– Ah, ¿sí? – preguntó fingiendo una voz de sorprendido.
– Sí, fue el mejor regalo de cumpleaños que había recibido hasta ese momento.
– Uy, creo que tengo problemas entonces, para superarlo.
– No tienes nada que superar, el que estés conmigo es más que suficiente, aunque ahorita te encuentres en Londres.
– Sabes muy bien que a mi regreso festejaremos en grande, así que ve tomando vitaminas, mi vida. – Claro, es lo que hago desde que me diste tu tip.
– Tengo que colgar cariño, feliz cumpleaños y te veo después, recuerda que te amo.
– Gracias por la felicitación, yo también te amo y mucho, te mando miles de besos.
– Yo te mando millones.
Me dormí abrazada a Tony, el oso que me regaló, era lo que siempre hacía cuando Pedro no estaba conmigo, de esa manera lo sentía junto a mí. Me levanté después que sonó el despertador y me metí al baño, me miré al espejo después de terminar de bañarme, quité el vapor con la mano y sonreí ante mi reflejo, mi vida había cambiado significativamente el último año, tenía un hombre maravilloso a mi lado, prácticamente vivíamos juntos, me habían promovido en mi trabajo y estaba estudiando una maestría, me quedaba poco tiempo libre y lo disfrutaba al máximo con Pedro, aunque al parecer mi mala suerte no había terminado del todo porque este cumpleaños volvería a pasarlo sola, quizá llamaría a Zaira para que cenáramos juntas.
Al salir del baño me quedé boquiabierta al ver varios globos flotando por la habitación, unos decían Feliz Cumpleaños y otros Te Amo, me llevé las manos al pecho, conmovida por ese gesto, volteé hacia la puerta y ahí estaba él, con otro enorme oso blanco con moños lilas en las orejas.
– ¡Feliz Cumpleaños amor mío!, no habrías creído que te iba a dejar sola este día, ¿verdad?
– No… bueno, me dijiste que volvías pasado mañana.
– Te quería sorprender, mira, encontré la pareja para Tony – señaló mostrándome a la osa de peluche – ya no estará más solo, ya siempre tendrá compañía, como tú, mi vida – agregó dejando el regalo sobre la cama.
Yo corrí a abrazarlo y nos besamos apasionadamente, lo tumbé sobre la cama y me senté sobre él con mis piernas a sus costados, me quité la toalla lentamente mientras él me miraba y sonreía, después empecé a besarle el cuello, emitió un suave gemido y subí hasta su oreja, exhalé sobre ella y luego mordisqueé el lóbulo.
– Pau, mi amor, el cumpleaños es tuyo, a mí me corresponde darte tu regalo, no tú a mí – exclamó de repente obligándome a bajar de él y se levantó de la cama.
– Tú eres el regalo que quiero – objeté haciendo un puchero – hace una semana que no te tengo y me haces mucha falta.
– Yo también te necesito y te deseo, pero, ahora no tenemos tiempo para eso, ya llegará la noche, ten paciencia – aseguró guiñándome un ojo.
– Cierto, tengo que ir a trabajar – recordé y me puse de pie.
– No, hoy no irás, hablé con tu jefe y te dio el día.
– ¿Cómo lo convenciste? – pregunté sorprendida, Alex era más estricto que Scott.
– Soy muy persuasivo, tú no te preocupes, cámbiate para ir a desayunar, hice una reservación para dentro de una hora.
– ¿En dónde?
– Ya verás, date prisa, este día sólo estaremos tú y yo.
Me acerqué y le di un pequeño beso en los labios, después me vestí rápidamente y salimos del departamento, manejó a toda prisa al aeropuerto, yo lo miré sorprendida cuando vi que nos dirigíamos ahí y que entraba al estacionamiento, me acarició la mejilla y después se bajó y me abrió la puerta del auto. Subimos a un helicóptero pero no me dijo adónde nos dirigíamos, insistía en que era una sorpresa.
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