jueves, 2 de abril de 2015

Una Cita con el Amor: Capítulo 168

– Tranquila corazón, no pasa nada, ¿por qué te asusta la lluvia?
– Después de que Jaime se mudó, una noche empezó a llover muy fuerte, me asustó el ruido que hacía el agua al golpear la ventana, así que me levanté y corrí a la recámara de Rosana pero no estaba, la busqué por toda la casa y no la encontré, no había luz y al subir las escaleras corriendo se me dobló el pie y me caí, no supe cuanto tiempo me quedé tirada en el suelo ni cuando me encontró Rosana, sólo recuerdo haber despertado en el hospital y cada que llueve me acuerdo de esa noche, jamás me he sentido tan sola como aquella vez.
– Yo nunca te voy a dejar sola y ahora te voy a demostrar lo divertida que puede ser la lluvia – dije levantándome de la banca y tendiéndole la mano.
– ¿Qué tienes en mente?
– Confía en mí, sólo déjate llevar.

Me sonrió nerviosa y tomó mi mano, la ayudé a levantarse y tomamos las bicicletas para entregarlas, toda la gente empezó a correr para cubrirse, apenas caían unas ligeras gotas y poco a poco se fueron intensificando hasta convertirse en un gran aguacero, Pau se aferraba a mi mano que la tenía entrelazada a la suya, le pedí que cerrara los ojos y respirara profundamente, temerosa lo hizo, pero fui notando como se relajaba hasta que conseguí soltarme, entonces me eché a correr y le grité que me alcanzará, se quedó parada unos minutos observándome, así que me detuve, extendí los brazos y levanté mi cara al cielo, sentí como la ropa se me pegaba al cuerpo por lo mojada que ya estaba y de pronto los brazos de Pau me rodearon por la cintura, entonces la miré, tenía su cabello completamente empapado y una parte caía sobre su rostro, se lo retiré y luego la besé intensamente.

Después de unos minutos nos separamos y nos echamos a correr tomados de la mano, Pau sonreía y yo junto con ella, caminamos rumbo a su departamento, en una esquina se había formado un charco y brincamos en él, como si fuéramos dos niños pequeños, realmente nos estábamos divirtiendo, esa era la mujer de la que me había enamorado, atrevida, decidida a seguir sus impulsos, al fin estaba superando sus miedos y era muy gratificante poder contribuir con ello.

Llegamos a su departamento hechos una sopa, de inmediato nos quitamos la ropa y nos metimos a bañar, le lavé todo su cuerpo y luego ella a mí, algo que se estaba convirtiendo en un ritual entre ambos. Salimos y nos vestimos, después ordenamos una pizza, cuando terminamos de comer vimos una película en la televisión y más tarde le conté otro episodio de mi vida.
– ¿Así que Jennifer supo de lo nuestro desde el desfile de Luciana?
– Sí –respondí acariciando su mano.
– ¿Ella sabía lo de la sociedad a la que pertenecías?
– No, eso no se lo conté a nadie.
– Bueno, no era algo como para alardear.
– En efecto, sin embargo, es lo mejor que me pudo pasar en la vida, porque me llevó a tí – aseguré poniendo mi frente pegada a la suya.

Su respuesta fue besarme con pasión y dulzura, se sentó sobre mi regazo y empezó a besar mi cuello, logrando encender mi cuerpo.

– Pau, dijiste que no más pruebas.
– Esto no es una prueba – aseguró mirándome a los ojos.
– ¿Estás pretendiendo romper otra regla? – pregunté arqueando una ceja.
– No la estaría rompiendo… al 100%, no lo haremos en sí, sólo… – respondió sonrojada.
– El oral también es sexo, Pau– le aclaré sonriendo.
– Déjame retribuirte tu comprensión, tu paciencia y tu sinceridad.
– No necesitas hacerlo.
– Claro que sí, has sido demasiado bueno conmigo y yo demasiado egoísta contigo, yo también debo poner de mi parte para que esto funcione, no tiene porqué haber más reglas entre nosotros.
– ¿Estás segura?, aún no terminó de contarte toda la historia.
– Estoy segura, lo que sigue ya lo conozco, casi en su totalidad, ahora déjame hacerte feliz – dijo acariciando mi mejilla.
– No quiero que después te arrepientas, Pau.
– No lo haré, olvida las reglas, ya me has demostrado suficiente, es hora que yo lo haga también, te amo Pedro y quiero comprobártelo.
– Yo también te amo, muchísimo.

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