Sin embargo, Ezequiel vivía y respiraba Alfonso Industries. Rara vez se tomaba tiempo libre. Nunca salía con nadie. Pedro lo llamaba El Monje. Pero comprendía que necesitara desahogarse de vez en cuando y recargar las pilas, por lo que nunca se quejaba de las dos semanas que pasaba en el Caribe cada verano. Esa quincena era sagrada, marcada en la agenda de cada uno de los cien mil empleados de Alfonso Industries. La empresa tendría que estar ardiendo para que Ezequiel lo molestara, o permitiera que otro lo hiciera.
—¿Rubia de largas piernas, y un diminuto vestido plateado? — preguntó Rodrigo.
—Esa misma —convino Iván.
—Tío… —Rodrigo sacudió la cabeza—. Casi me lanzo al taxi que paró para poder pelearnos por él.
—Un poco raro —señaló Pedro.
—¿Cómo si no conseguiría que una mujer así me mire sin enseñarle mi cuenta bancaria? —se defendió Rodrigo—. A tí te da igual. No tienes más que mirarlas para que ellas quieran…
—¿Has dicho que paró un taxi? —interrumpió Pedro.
—Sí.
—¿No había un coche esperándola?
—No. Paró un taxi negro. ¿Por qué?
—Por nada —Pedro se encogió de hombros.
Paula le había dicho que el chófer de su amiga iba a recogerla. ¿Por qué mentir? Se bebió el bourbon y sonrió. Lo único que le gustaba más que una mujer sexualmente segura era un enigma sexualmente seguro que rogaba ser resuelto. Su viaje anual al Caribe prometía ser divertido.
—¿David? Paula Chaves—saludó Paula tras marcar el número.
—¡Paula! —exclamó el hombre—. ¿Qué puedo hacer por tí, cariño?
—Llegó la hora.
—¿Hora de qué?
—Ya lo sabes. Del yate.
—¿Para cuándo lo necesitas? —preguntó él tras una larga pausa.
—El próximo viernes.
—¿Tan pronto?
—Te advertí que cuando llegara el momento, tendría que ser rápido.
—¿Para dos semanas?
—Sí.
—¿Con tripulación?
—Sí —ella se pellizcó el puente de la nariz—. Y un mínimo de doce metros, como acordamos cuando pasé seis meses trabajando gratis para tí.
David era el conseguidor de los ricos. ¿Un jet privado para el fin de semana? David era el hombre. ¿Una fiesta repentina en una isla desconocida con un catering exquisito y diversión hedonista? Llame a David. ¿Le apetece fletar un super yate con tripulación completa? Exactamente… David.
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