lunes, 26 de enero de 2026

Te Necesito: Capítulo 67

Todos esos pensamientos y sentimientos la habían asaltado a toda velocidad, pero no había tenido la ocasión de manifestarlos, antes de que Pedro interviniera. Y ahora lo único que se preguntaba era el porqué de su reacción. ¿De dónde provenía esa furia? Parecía que tenía que ver con la relación de ella con Rafael. Pero ¿Cómo podía ser, si apenas habían hablado del pasado? Él, desde luego, no le había preguntado por la relación con su hermano. Mientras el coche sorteaba el tráfico nocturno, Pedro le agarró la mano y se la apretó.


—Lo siento —dijo él de forma forzada y poco convincente, como si fuera por necesidad, no para disculparse.


Ella observó las manos de ambos unidas y el anillo que solo unas horas antes había aceptado tan deprisa. Se soltó de la mano de él, se la puso en el regazo y miró por la ventanilla. Los adornos navideños que le habían encantado de camino al teatro no le aliviaron el peso que le oprimía el pecho.


—¿De qué conoces a mi hermano?


Se produjo un tenso silencio. Ella se obligó a mirarlo y vio que estaba indeciso.


—No me mientas, por favor. Sé que tiene que ver conmigo.


La intensidad de la mirada de Pedro le quemó la piel, pero se negó a desviar la vista y a dejar de mirarlo a los ojos. Al final, la resignación y el arrepentimiento los oscurecieron.


—Tu hermano es el canalla que dejó embarazada a Sonia hace cuatro años —musitó él con furia.


Paula respiró hondo, sorprendida de que aún pudiera seguirse sorprendiendo. Pero lo estaba, no solo por sus palabras, sino por la fría cólera de sus ojos. Y en ese momento la asaltaron una serie de recuerdos: Las palabras y acciones de Pedro durante el mes anterior, desde el momento en que se conocieron, que ella había disculpado por ignorancia e ingenuidad y perdonado con facilidad porque estaba resuelta a ver lo mejor de él, de ellos dos. Pero esas palabras y recuerdos ahora le parecieron muy distintos y vió clara su motivación; se dió cuenta de la dura realidad.


—¿Por eso me contrataste? —murmuró ella. Apenas podía respirar por la opresión que sentía en el pecho—. Por eso me lo pusiste todo tan difícil, por eso me invitaste a París…


—Puede que al principio. Estaba convencido de que era por él. Pero después…


Se miró las manos. Pero al ir a acariciarle la mejilla con el pulgar como había hecho tantas veces, ella se echó hacia atrás.


—No hagas eso, Paula —musitó—. Él no es el motivo de que yo…


—Claro que lo es.


La invadió el brutal sentimiento de ineptitud que la había perseguido durante la infancia y la adolescencia, cada vez que se volvía invisible para su madre, cada vez que su padre se negaba a reconocerla, cada vez que Rafael la alejaba de él, incluso cuando Tom murió, cuando ella deseaba tanto que viviera.


—Él es el motivo de que me hayas seducido y quieras casarte conmigo. Querías vengarte conmigo por lo que le hizo a tu hermana y a tu sobrino —afirmó con las lágrimas corriéndole por las mejillas y respirando con dificultad.


Volvía a ser la niña pequeña e insignificante a la que nadie quería. Se había esforzado en hacerla desaparecer, en convertirse en una mujer. Había fundado una empresa, había sido fuerte al perder a su mejor amigo y estaba dispuesta a entregarse por entero a Pedro, pero no era eso lo que él quería.


—No digas tonterías, Paula —dijo él al tiempo que intentaba acariciarla de nuevo.


La espalda de ella chocó con la puerta al apartarse de su mano. Paula apretó el botón que bajaba la luna que los separaba del chófer.


—Marcos, para el coche. Voy a bajarme.


—¿Pasa algo? —Marcos miró hacia atrás.


—Para el coche, Marcos —dijo Pedro.

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