—Parece un cuento de hadas. Se os ve muy compenetrados. Es tan romántico… —volvió a suspirar—. ¡Y solo se conocieron desde hace una semana! Es evidente que existe el amor a primera vista.
«Pero él no me quiere».
—Hola —dijo Florencia al ver al hombre que había entrado detrás de Paula.
—Flor, te presento a Morales, mi… —Paula titubeó. Aún no se creía lo mucho que le había cambiado la vida en un fin de semana.
—Soy su guardaespaldas y chófer, señorita Chaves —dijo el hombre sonriendo.
—Eso es.
—¿Ahora tienes guardaespaldas y chófer? —Florencia estaba tan atónita como Paula se había sentido cuando se lo habían presentado al aterrizar en Heathrow.
Después de dejar el equipaje en su casa, había ido directamente a la oficina, ansiosa por recuperar cierta normalidad. Pero la presencia de Marcos Morales no era lo único que lo hacía imposible, sino el tumulto de pensamientos y sentimientos que le provocaba que Pedro le hubiera propuesto matrimonio y que le pareciera bien tener un hijo. No lo había visto esa mañana, después de haberse pasado la noche en vela en el hotel. Y el mensaje que había recibido en el avión la había desconcertado. "Pasaré los próximos días viajando y en reuniones. Te llamaré el viernes a las ocho de la tarde, hora británica. Fernando se va a encargar de tu seguridad y te pondrá en contacto conmigo, si lo necesitas. Pedro". Al menos, ahora entendía lo de la «Seguridad». Fernanado le dijo que ya no era seguro que viajara en transporte público. Pedro quería que sus allegados tomaran ciertas medidas de seguridad. Aunque, en parte, ella quiso protestar cuando le presentó a Morales, ya que Pedro no era responsable de su seguridad, también se conmovió al ver que se había tomado la molestia de protegerla. Al final, Morales la llevó a su casa desde el aeropuerto, mientras ella reflexionaba sobre su reacción. Debía tener cuidado y no dejarse convencer con facilidad. La atención de Pedro ya la abrumaba lo suficiente como para que, además, interviniera su propia inseguridad. Siempre buscaba la atención masculina, tal vez porque se la habían negado de pequeña. Ya se había casado una vez por motivos equivocados. No debía caer en la trampa de creer que Pedro la quería simplemente porque tenía cierto complejo de salvador. Por eso, lo que debería haberla complacido, que su relación con Pedro hubiera dado el empuje a la empresa que ella llevaba meses esperando y planeando, le provocaba todo menos eso. En realidad, la presionaba y abrumaba más. Porque no era un verdadero idilio, como tampoco su matrimonio había sido real.
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