miércoles, 21 de enero de 2026

Te Necesito: Capítulo 64

De repente se percató de que lo quería, aunque él no la correspondiera… Aún. Algún día lo haría, porque tenía la capacidad de amar. Ahora lo aterrorizaba volver a experimentar sentimientos tan profundos por alguien que no fuera de la familia, pero ella esperaría a que se desarrollaran. Le puso la mano en la mandíbula.


—Me encantaría llevar el anillo.


Él frunció el ceño, pero el deseo y algo muy parecido al triunfo incendió su mirada.


—¿Te casarás conmigo?


—Sí —susurró ella.


Él la agarró del cuello, la atrajo hacia sí y le devoró la boca. Se levantó y la levantó con él.


—Ponme las piernas alrededor de la cintura. Vamos a llegar tarde a la ópera.


Al final llegaron casi una hora tarde. Pedro se obligó a sacar de la cama a Paula. A él no le entusiasmaba la ópera, pero sabía que a ella le encantaba. Y si seguían en la cama, lo asustaba pensar que él no querría volver a levantarse. El deseo que se había apoderado de él hacía un mes no había disminuido. Se había obligado a marcharse de Londres sin Paula, tras haber descuidado sus negocios en el mundo durante tres semanas, desde que había vuelto de Australia dos días antes de lo previsto para estar con ella. Esperaba que, cuando ella llevara el anillo, aquel deseo comenzaría a debilitarse. No había tenido esa suerte, pensó al conducirla al palco privado en la ópera y observar que los ojos le brillaban de emoción con la voz de la soprano. Llevaba un vestido de satén azul y el cabello aún revuelto por haber hecho el amor, ¿Cómo podía ser que le pareciera más hermosa cada vez que la miraba? Al sentarse dirigió la mirada al anillo que le había puesto. ¿Por qué le había hablado de su madre? Se pasó el segundo acto deseando meterle la mano bajo el vestido y acariciarla. ¿Por qué experimentaba un deseo tan intenso de estar con ella?, ¿de poseerla de la única manera que sabía, cada vez que se le presentaba la ocasión? Era una locura. Y le daba la impresión de que iba más allá de la extraordinaria química que había entre ambos y de las ventajas de tipo práctico de casarse. Tenía que ver con la expresión de sus ojos, tan abierta, tan desprotegida, tan llena de esperanza, cuando le había dicho lo que nunca podía ofrecerle, y, no obstante, ella había aceptado casarse con él. Sabía que, en ese momento, Paula estaba convencida de que podía ser el hombre que necesitaba, cuando él sabía que no era así. Debería haberle dicho la verdad, hacerle entender que él no se merecía ser amado, que nunca lo sería, porque no podía corresponder. Había fallado a su madre al culparla por algo de lo que no era responsable. Y también le fallaría a Paula. Pero había sido incapaz de decírselo, porque deseaba tenerla a su lado. Ella lo miró y sonrió mientras aplaudía a los cantantes que se retiraban del escenario. Había llegado el intermedio.


—Bueno, al menos no nos hemos perdido toda la primera parte.


Él se levantó y le tendió la mano.


—Vamos a tomar algo. 

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