lunes, 19 de enero de 2026

Te Necesito: Capítulo 60

 -¿Dónde vamos, Marcos? Creí que habíamos quedado con Pedro en la Royal Opera House —dijo Paula al chófer.


Esa noche se cumplían cuatro semanas en que Pedro y ella habían hecho el amor por primera vez en París. Y la regla seguía sin bajarle. Se decía que eso no significaba nada, ya que tenía un ciclo irregular, y a veces transcurrían seis semanas entre periodos. Claro que podía salir de dudas si se hacía una prueba de embarazo. Pero él no se lo había pedido. De hecho, no había vuelto a mencionar el posible embarazo, desde su vuelta de Australia hacía tres semanas, por lo que ella decidió esperar. Desde entonces, cada vez que hacían el amor, y lo hacían a menudo, Pedro usaba protección, por lo que ella se sentía apreciada pero insegura sobre cuál era verdaderamente la postura de él con respecto al embarazo. Supuso que él no quería presionarla, por lo que ella tampoco lo haría, ya que ni siquiera sabía qué pensar sobre el posible embarazo. Seguían en la fase de luna de miel de su relación. Tras tantos años sin ser consciente de sus necesidades sexuales, Paula había descubierto un aspecto de su personalidad que desconocía; un aspecto sensual, excitante, erótico e insaciable que intentaba satisfacer en cuanto se le presentaba la oportunidad. Sin embargo, lo más importante era que, por primera vez, se sentía verdaderamente miembro de una pareja. Su experiencia como esposa de Leandro había sido tan breve, además de marcada por la tragedia, que no tuvo tiempo de estar tranquilamente con él, de tener una conversación normal, como con Pedro.  Hablaban de todo, desde de en cuál de las residencias de él pasarían el fin de semana hasta de si comerían allí o irían a uno de los restaurantes de los que era cliente habitual.


La vida social de Paula había aumentado de forma espectacular. Marcos la iba a recoger varias tardes a la semana para conducirla a un acontecimiento en Londres o Dublín, incluso una vez a Milán, porque Pedro quería que lo acompañara. Al principio se ponía nerviosa. Estaba acostumbrada a organizar eventos, no a participar en ellos, pero pronto se volvió casi tan indiferente como él al hecho de viajar en su jet privado, tener chófer propio o codearse con estrellas de cine, políticos importantes, divas del pop, famosos deportistas y otros personajes. También se estaba habituando a la molesta atención de los paparazis. Pero los mejores momentos eran los íntimos en los que estaba a solas con Pedro. Ambos trabajaban mucho, por lo que las noches que pasaban juntos, generalmente en casa de él, le parecían un regalo especial. Seguía sin haberle sonsacado mucha información sobre sí mismo, pero le daba igual. Estaban empezando a conocerse, por lo que las grandes preguntas podían esperar. Le bastaba con estar con él y descubrir cosas pequeñas, como que sabía hacer un guiso irlandés, que se quedaba dormido, abrazado a ella, después de hacer el amor, o que se sabía de memoria la película Chicas malas, porque sus hermanas no paraban de verla en la adolescencia. 

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