lunes, 5 de enero de 2026

Te Necesito: Capítulo 42

 -Venga, unos escalones más…


—No estoy en forma —Paula sonrió con la esperanza de que él la tomara de la mano para subir los últimos escalones de aquella interminable escalera.


Estiró el cuello para contemplar la hermosa cúpula de la Basílica del Sagrado Corazón, frente a ellos.


—Es enorme.


—Hablas como una verdadera turista, pero aún te falta por ver lo mejor —le puso las manos en los hombros para darle la vuelta.


Ella lanzó una exclamación. París estaba a sus pies: Montmartre, famoso por los artistas de la Belle Époque, la Torre Eiffel y el rascacielos de Montparnasse. El día era tan claro que incluso se divisaban las afueras de la ciudad. Eran lugares sobre los que había leído, que había visto en películas y en televisión, pero que no imaginaba que vería en realidad. Suspiró y él se echó a reír.


—Por fin he conseguido dejarte sin habla.


Ella volvió la cabeza para mirarlo. Ya sabía que era increíblemente guapo, pero verlo tan relajado y con un brillo burlón en los ojos la hizo sonreír. La tarde entera había sido mágica, pero lo que la henchía el corazón no era la serie de sitios que habían visto ni tampoco saber que irían al baile esa noche, sino lo que se estaban divirtiendo y haber descubierto que Pedro conocía muy bien la ciudad y que poseía un travieso sentido del humor. No debía ponerse romántica ni dar mucha importancia a la conexión que se había establecido entre ellos a lo largo de la tarde. Sin embargo, por primera vez, él había bajado la guardia. 


—¿Por qué conoces París tan bien? ¿Vienes a menudo?


Él se limitó a mirarla durante unos segundos, por lo que estuvo segura de que no iba a responderle, como ya había hecho varias veces ese día al hacerle preguntas personales. Pero él apartó la mirada y la fijó en la maravillosa vista. Una expresión pensativa había sustituido la sonrisa. ¿Iba, por fin, a responderle a una pregunta personal? Cuando lo hizo, con voz ronca, ella soltó el aire que no se había dado cuenta de que estaba conteniendo. ¿Por qué le parecía aquello tan importante?


—Viví aquí un año, después de vender la granja en Galway. Hacía dos años que había fundado Rio Corp e iba muy bien. Pero quería aprender francés para instalar nuestra base europea en París. A mis hermanas no les hizo mucha gracia. Por aquel entonces tenían catorce y dieciséis años, nunca habían salido de Irlanda y aprender francés no las entusiasmaba — rió con afecto.


—¿Te trajiste a tus hermanas? —preguntó ella, conmovida.


Siempre había deseado tener una familia que se mantuviera unida por encima de todo, pero la sorprendió que él no hubiera mandado a sus hermanas a un internado para centrarse en la empresa. Era un joven de veintitrés años con demasiadas responsabilidades. Él se volvió a mirarla enarcando las cejas.


—Por supuesto, ¿Por qué no iba a hacerlo?


«En efecto, ¿Por qué no?».

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