miércoles, 7 de enero de 2026

Te Necesito: Capítulo 46

No había conseguido que él le contara de su vida, de su pasado. Aunque hablara sin problemas de sus hermanas, mantenía un hermético silencio sobre sí mismo. Tampoco le había pedido a ella que le hiciera mas confidencias. Así que, tras varios intentos fallidos, decidió darse por vencida. Para que aquella aventura saliera bien, debía reprimir la curiosidad y vivir el momento. Aprovechar lo que le brindaba el fin de semana y no pensar en lo que le faltaba. Pedro le había regalado París. Y, sobre todo, había hecho que se sintiera especial, deseada por primera vez en su vida. Se subieron al ascensor y él la apoyó sobre la pared del fondo, le levantó la barbilla y le secó las gotas de agua de las mejillas con los pulgares. Ella se estremeció.


—Estás helada —murmuró él—. Y empapada —consultó el reloj—. El baile comienza dentro de veinte minutos. ¿Cuánto tiempo necesitas para prepararte? No importa que lleguemos tarde.


Ella tardó unos segundos en procesar lo que le había dicho y se desinfló como un globo pinchado. «No quiero ir al baile, sino pasar toda la noche solo contigo». La intensidad del deseo era tal que parpadeó mientras se esforzaba en controlarlo. «No seas absurda». Estaban en París para ir juntos al baile. Era uno de los acontecimientos sociales más prestigiosos de Europa. Claro que quería acudir, aunque solo fuera porque suponía una increíble oportunidad de establecer contactos profesionales.


—No mucho —respondió finalmente, aunque sus intentos de controlarse no habían dado resultado.


No había prisa. Tenían toda la noche. De hecho, era mejor no apresurarse. Sus sentimientos ya estaban a punto de aflorar a la superficie. Su deseo de Pedro iba más allá de lo puramente físico. Recorrieron el pasillo y se detuvieron ante la puerta de la suite de ella. 


 
-Me muero de ganas de verte con el vestido- dijo él con voz ronca, mientras la miraba de arriba abajo y a ella le entraban ganas de rogarle que se quedara- Y de quitártelo después- añadió antes de marcharse.



«¡Madre mía! ¿Cómo voy a sobrevivir al mayor acontecimiento social de mi vida imaginándome que Pedro quiere verme desnuda?».



El baile Lumiére  hacía honor a su fama. los salones de baile estaban llenos de gente importante ataviada con vestidos de diseño y caros esmóquines. El atrio de cristal en el centro del histórico edificio se había transformado en un salón de banquetes que estaba a la altura de su dueño original, Luis XV. Los invitados, tras la exquisita cena, pasaron al salón de baile principal, iluminado por varias arañas antiguas. Dos anchas escaleras de balaustrada de piedra descendían desde la terraza del primer piso, donde se hallaban los camareros, vestidos con ropa del siglo XIX, sirviendo copas de champán y delicados canapés para quien todavía tuviera hambre.



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