viernes, 9 de enero de 2026

Te Necesito: Capítulo 53

Lo único que le preocupaba a Pedro era su romanticismo: La dulzura que lo había cautivado esa tarde podía convertirse en un problema. Sin embargo, después de haber hablado con ella sobre los verdaderos motivos de su matrimonio, estaba convencido de que era una buena candidata. Ya había estado casada, pero no por amor. Y aunque fuera inexperta en asuntos sexuales y una romántica, entendía que el matrimonio podía ser un acuerdo práctico. Además, había química entre ellos, que acabaría por desaparecer con el tiempo, pero que, hasta que eso sucediera sería una base importante para su unión. Y ella lo divertía. Esa tarde se lo habían pasado muy bien. Eso tenía que significar algo. La verdad era que no buscaba una gran pasión en su relación con las mujeres, porque sabía dónde podía conducir semejante devoción. Pero nunca había considerado la posibilidad de ser amigo de las mujeres con las que salía. Nunca había disfrutado de su compañía como lo había hecho ese día con la de Paula, por lo que deseaba saber mucho más de ella. Hasta ese momento no se había planteado seriamente casarse, a pesar de sus ventajas, porque la mera idea lo aburría. Pero no se veía aburriéndose con ella, a diferencia de con las demás mujeres.



—¿Bromeas? —preguntó ella mirándolo como si hubiera perdido el juicio.


—En absoluto. Te he robado la virginidad —dijo él con gravedad—. Y eso tiene para mí un profundo significado.


La tomó de la mano, cada vez más seguro de que aquel era el camino que debía elegir. Porque él no había hecho lo mismo que Rafael De Courtney con Sonia. Aquel canalla había seducido a su hermana y la había abandonado. La diferencia estaba en que él, Pedro, había querido evitar el riesgo de embarazo, pero, de todos modos, tenía una deuda que debía pagar.


—A los dieciséis años prometí a mi padre en su lecho de muerte que protegería a las mujeres que formaran parte de mi vida. Le fallé a mi hermana Sonia.


«Y a mi madre». Hizo una pausa para contener la emoción que el pensamiento le causaba.


—Me niego a fallarte a tí también.


—¿Por qué le fallaste a tu hermana? —preguntó ella con expresión preocupada.


¿Cómo era posible que fuera tan inocente, tan compasiva, después de todo aquello por lo que había tenido que pasar en su vida?


—Ya te lo había contado. Se quedó embarazada a los diecinueve años. Me niego a ser como el que la sedujo. ¿Lo entiendes?

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