miércoles, 28 de enero de 2026

Venganza Y Seducción: Capítulo 2

Él se sentó y llamó al camarero.


—¿Una copa? —preguntó.


—Claro.


—Bourbon doble para mí, y… —Pedro enarcó una ceja.


—Mojito, por favor —unos hoyuelos aparecieron en el bello rostro.


—Mojito para la dama.


Mientras el camarero preparaba las bebidas, Pedro la observó con ojo experto. Cabello rubio miel brillante hasta los hombros, algo más claro que sus cejas perfectamente depiladas. Hermosas facciones de duende. Un vestido corto de lentejuelas plateadas y tirantes finos que no salía de ninguna tienda. En su delgada muñeca llevaba un reloj de una marca que tampoco se vendía en la calle. Los pendientes de diamantes demostraban que era una mujer exigente con acceso a una holgada cuenta bancaria. Se preguntó cómo no se habían encontrado antes.


—Pedro —le tendió la mano.


—Paula —unos finos dedos la estrecharon. Su perfume caro y exótico llenó el espacio.


—Nunca te había visto antes por aquí… Paula —ese nombre no encajaba con la mujer elegante y segura de sí misma, de voz melodiosa, que hablaba un impecable inglés.


—Es mi primera vez —ella retiró delicadamente la mano y mostró unos bonitos dientes blancos.


—¿En serio? —Pedro sonrió.


Ella enarcó una de sus perfectas cejas y, sin apartar sus encantadores ojos azules de él, cerró los labios sobre la pajita. El erotismo que desprendía provocó un escalofrío en Pedro.


—¿Esperas a alguien? —él apoyó un codo en la barra.


—A mi amiga. Hemos quedado aquí, pero llega tarde.


—¿Amiga?


—Una amiga, sí —ella lo miró divertida—. ¿Qué creías que quería decir?


—Creo que lo sabes —Pedro sonrió lentamente—. ¿Tienes pareja? —preguntó, yendo al grano.


—La vida es demasiado corta para tener pareja —ella sacudió lentamente la cabeza.


—No podría estar más de acuerdo.


—¿Tú también estás soltero?


—Eternamente.


—Pues brindo por eso —ella apoyó un codo en la barra—. Y bien… Pedro —se acercó un poco más—. ¿Italiano?


—Sí.


—¿Un semental italiano? —Issy sonrió, aludiendo al apodo de Rocky Balboa.


—Eso me han dicho —cómo le gustaban las mujeres que sabían manejar el doble sentido.


—Apuesto a que sí —ella lo miró descaradamente de arriba abajo.


—Por la soltería —Pedro levantó su copa.

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