miércoles, 28 de enero de 2026

Venganza Y Seducción: Capítulo 4

Pidió otro bourbon y regresó con sus amigos, sopesando echar a perder la partida para poder ir a Amber’s antes de que Cenicienta se convirtiera en calabaza. Un instante después, llegó un mensaje a su teléfono. "La pelota está en tu tejado. Espero encontrarte pronto para divertirnos en el Caribe. Paula x". Rápidamente le contestó. "Lo estoy deseando. Estaré en contacto. P x".


Paula paró el primer taxi que pasó.


—Nelson Street, Brockley —le dijo al conductor.


Hasta que no dejó de ver el club, no pudo respirar con normalidad. Lo había conseguido. Mientras se quitaba los horribles zapatos que le aprisionaban los pies, envió un rápido mensaje a su hermana. "¡Funcionó! Enganche, línea y plomada. De camino a casa. xx" Después, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Se sentía mareada, excitada, inquieta. Las emociones revoloteando en su estómago casi vacío. Cuanto más se acercaba el momento de llevar a cabo sus planes, más se inquietaba. Cuando Delfina había empezado a trabajar en Alfonso Industries, se había comprometido a encontrar pruebas de corrupción contra los primos. Ambas necesitaban saber que lo que estaban haciendo no era solo venganza, sino algo bueno, que estaban salvando a otras víctimas del destino que había sufrido su familia. Y, por fin, hacía tres días Delfina había encontrado las pruebas. Los mojitos se le subieron a la garganta. Paula cerró los ojos, deseando que se le pasaran las náuseas. Deseando aún más borrar la imagen de Pedro Alfonso mirándola como si estuviera dispuesto a comérsela entera. Y aún más olvidar la excitación que eso le había producido.


—Tío, acabo de ver salir de aquí a la mujer más sexy —anunció Rodrigo Weller entusiasmado mientras se sentaba frente a Gianni.


—Debe ser la misma con la que se acaba de liar Pedro —respondió Iván con una sonrisa cómplice.


—No nos hemos liado —aclaró Pedro.


—Le diste tu número.


Pedro sonrió. Aunque siempre dispuesto a salir con chicas, nunca hablaba de ello. Tampoco había nada que contar, solo una breve conversación con mucho coqueteo… Y la posibilidad de algo más. Durante cincuenta semanas al año, se mataba a trabajar. También salía de fiesta, pero el trabajo era lo primero. Lo mismo le pasaba a Ezequiel, su primo y socio. Criados como hermanos, los primos Alfonso tenían doce años cuando decidieron labrarse su propio camino en la vida, un camino que les alejara de sus monstruosos padres, y se habían dejado la piel, y superado enormes contratiempos, para convertir su empresa inmobiliaria en una empresa multimillonaria de renombre internacional.

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