—Sí —respondió él en tono duro— Un canalla rico la sedujo cuando tenía diecinueve años. Era virgen y la dejó embarazada. Después dijo que Joaquín no era hijo suyo. Eso la cambió. Pero es tan fuere que se negó a recibir mi ayuda. Ni siquiera quiso decirme quién era el padre.
Ella percibió la furia en su voz. El padre de su sobrino, fuera quien fuera, tuvo suerte de que Sonia no le dijera su nombre a su hermano, porque seguro que no hubiera podido tener más hijos.
—Lo siento mucho. Desde luego, es un canalla.
—En efecto, pero Sonia y Joaquín están mejor sin él. Y ella es una madre excelente —afirmó en tono admirativo—. Joaco no necesita a ese canalla en su vida.
—Sobre todo, porque te tiene a tí —dijo ella recordando que Carolina le había hablado de la buena relación que había entre ambos.
Envidiaba lo que la familia Alfonso tenía, aunque era absurdo envidiar a un niño al que su padre había rechazado. Ella sabía lo que se sentía.
—Sí, me tiene a mí. No consentiré que nadie le haga daño, sobre todo ese hijo de… —la miró y a Paula le pareció que dirigía su furia contra ella.
Apartó la vista y murmuró:
—Lo siento, es un asunto doloroso.
—Lo entiendo.
Y era cierto.
Le puso la mano en el brazo.
—Mi padre no me reconoció.
Tal vez no debería habérselo dicho. Era algo de lo que no hablaba, pero se percató de que había hecho bien, ya que, cuando él volvió a mirarla, la furia había disminuido.
—Me duele que no me quisiera, que no me valorara, que me considerara un error. Mi madre me decía que daba igual, que eso no me hacía ser menos que los demás, pero a mí me parecía que sí. Cuando ella murió, me aterrorizaba la idea de que me buscaran una familia de acogida, el hecho de estar completamente sola. Por eso, cuando mi hermanastro Rafael se puso en contacto conmigo…
Suspiró. Aún recordaba el día en que había corrido hacia aquel desconocido y lo había abrazado estrechamente. Él se puso rígido, pero no la apartó, sino que le dio palmaditas en los hombros torpemente. Intentó hacer las cosas bien, pero no sabía cómo tratar a una niña apenada. Podía haberla abandonado, pero no lo hizo, por lo que siempre le estaría agradecida. La alimentó, la vistió, le pagó las escuelas más caras y la universidad y, lo más importante, la reconoció como su hermanastra. Intentó ayudarla de la única forma que sabía, claramente en contra de lo que le dictaba su instinto; un instinto moldeado por un padre que no había querido reconocerla como hija.
—Fue un cambio. Hace mucho que no hablamos porque Rafael se opuso a mi boda, igual que tú a la de tu hermana.
Respiró hondo. Estaba dispuesta a perdonar a su hermano. Era una persona adulta y había sobrevivido. Era absurdo seguir necesitando su aprobación.
—Pero estuvo a mi lado cuando más lo necesité —sonrió a Pedro—. Un modelo masculino fuerte es lo que necesita un niño. Rafael no estuvo a la altura a la hora de ser padre, pero lo que importa es que lo intentara. Joaquín sabe que lo quieres, así que tienes razón: No necesita a ese hombre, porque te tiene a tí.
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