Después de abrirse paso entre la multitud, entraron en el bar reservado a los abonados que tenían un palco.
—¿Quieres una copa de champán? —preguntó él, para celebrar su compromiso.
Se estaba comportando como un idiota. Ella había accedido a casarse. ¿Por qué complicaba las cosas? Formarían un buen equipo. Incluso cabía la posibilidad de que ella llevara un niño en el vientre. Debía contarle la relación de su hermanastro con su familia, pero podía esperar hasta después de la boda, que planeaba celebrar lo antes posible. Quería tenerla en casa, que llevara su anillo y su apellido. Ella asintió, pero, cuando Pedro levantó la mano para hacer una seña al camarero, palideció al ver a alguien detrás de él.
—¿Rafael?
Pedro se volvió y vio a un hombre alto con una mujer del brazo. Ella le resultó conocida, pero fue el hombre el que atrajo su atención. La sorpresa al reconocerlo lo atravesó como una bala.
—No sabía que te gustara la ópera —el susurro de Paula le llegó muy lejano, porque la furia le taponaba los oídos.
—No me gusta —contestó Rafael—. Pau, estás… —sus ojos, tan parecidos a los del sobrino de Pedro, se detuvieron en él y esbozó una sonrisa cáustica—. Hola… Alfonso, ¿Verdad? —dijo bruscamente mientras lo observaba con atención, como si estuviera valorando si era adecuado para salir con su hermana.
A Pedro, la furia lo ahogaba. ¿Quién se creía que era aquel canalla?
—He visto en los medios de comunicación que están saliendo — tendió la mano a Pedro—. Soy el hermano de Paula, Rafael De Courtney.
—Sé perfectamente quién eres.
Pedro miró la mano tendida y se metió la suya en el bolsillo. Apretó el puño tratando de contenerse para no darle a aquel canalla un puñetazo.
—¿Ah, sí? —Rafael frunció el ceño—. ¿Nos conocemos?
—Afortunadamente no, pero sé que eres un canalla.
—¡Pedro! —exclamó Paula, desconcertada por su grosería, pero a él le dió igual. ¿Cómo se atrevía ese hombre a decir que era hermano de ella? No tenía derecho.
¿Y cómo osaba mirarlo como si no fuera lo bastante bueno para salir con su hermana, cuando era él quien había fallado de forma tan espectacular?
—¿Qué te pasa? —le preguntó Paula, confusa.
Pedro se dió cuenta de que hacía mucho tiempo que debería haberle contado que Rafael De Courtney era el canalla que había seducido y abandonado a Sonia. Ahora era tarde para dar explicaciones. Lo único que le importaba era mantener alejada a Paula de aquel hombre. Había visto la sorpresa en el rostro de ella, seguida de un brillo placentero en sus ojos. Estaba dispuesta a perdonar a aquel canalla, a un hombre que llevaba años sin hablar con ella, que nunca se había portado como un verdadero hermano. Paula era demasiado bondadosa, compasiva y amable.
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