-Supera con mucho la magnificencia que me había imaginado — susurró Paula en tono maravillado mientras giraba la cabeza a izquierda y derecha para conseguir el mejor ángulo de visión del Arco del Triunfo.
Iban en un coche que conducía Pedro.
— ¿No habías estado en París?
No podía ser verdad. ¿Por eso había estado tan callada en el vuelo? Habría querido interrogarla sobre muchas cosas, pero decidió no hacerlo hasta hallar el mejor modo de abordar la situación. La decisión de llevarla con él a París había sido impulsiva, una reacción instintiva ante el deseo que se había apoderado de su cuerpo desde hacía días y que había acabado por reconocer. ¿Por qué no admitir que llevar a Paula a París no tenía tanto que ver con obtener información sobre su hermano como con la urgencia del deseo que lo había invadido en cuanto ella había accedido? Parecía tan emocionada, tan ansiosa… Y tan nerviosa cuando se montó en el helicóptero para volar a Knock y, después, en el jet de la empresa para hacerlo a París. Y tan joven. También parecía abrumada por el lujo, lo que carecía de sentido. Era indudable que el estilo de vida que ahora él llevaba no podía ser muy distinto de aquel en el que ella se había criado. Tenía que estar familiarizada con él, teniendo en cuenta la clase de clientes para los que trabajaba. Una organizadora de eventos debía sentirse cómoda en aquel ambiente, y ella lo había hecho hasta aquel momento. Pero al llegar al aeropuerto de Orly, hacía una hora, parecía cautivada por la experiencia. ¿Seguía interpretando el papel de ingenua deslumbrada?
Pedro intentaba convencerse de que era así, a pesar de que la fascinación de su mirada y sus mejillas rojas de excitación parecían completamente genuinas, lo cual comenzaba a molestarlo. En el despacho del castillo, seducirla le había parecido buena idea. Al fin y al cabo, el sexo no era más que una necesidad biológica, que ambos parecían sentir. Pero ahora comenzaba a preguntarse hasta qué punto era ella inocente. Por el informe del detective sabía que tenía veinticuatro años. Era muy joven para haber fundado una empresa de tanto éxito. Había supuesto que sería una mujer experimentada, teniendo en cuenta su trabajo y la familia de la que procedía. Sin embargo ahora, al ver su rostro maravillado, le preocupaba haberla juzgado mal. ¿Y si no era tan experimentada como suponía? Empezaba a temerse que, aunque era muy buena en su trabajo, no era tan resuelta como daba a entender. Pero sería mucho peor que fuera inocente. A diferencia del hermano de ella, a él no le interesaba seducir a mujeres sin experiencia, como su hermana, que eran ingenuas y vulnerables. ¿Qué había en Paula que lo impulsaba a protegerla? Era algo que no había sentido por ninguna otra mujer, salvo por sus hermanas, y lo que sentía por ella no era, desde luego, un sentimiento fraternal.
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