lunes, 22 de diciembre de 2025

Te Necesito: Capítulo 22

Pedro Alfonso había sido muy poco comunicativo sobre los detalles del encargo. La había intentado desanimar, tratado con desdén y se había enfadado por detalles sin importancia. En otras circunstancias, ella habría evitado el conflicto, porque no le gustaban los enfrentamientos. Pero ya había tenido que hacer frente a hombres despóticos, como su hermanastro Rafael, por lo que sabía que ceder terreno cuando intentaban arrinconarte no era una buena estrategia. Si hubiera consentido que Rafael la intimidara, no habría pasado aquellos días maravillosos como esposa de Leandro. No se arrepentía de ellos, a pesar de que hubieran tenido un coste muy alto en la relación con su hermano. Y aunque anhelaba que le encargaran aquella boda, no podría llevarla a cabo con éxito si no se comunicaba abierta y sinceramente con Pedro Alfonso. Respiró hondo y reunió todo el valor del que era capaz para enfrentarse a él.


—Si la boda no es una sorpresa para Carolina, ¿Por qué no puedo consultarla? —dijo con voz clara y directa, a pesar del nudo que los nervios le formaban en el estómago.


Si Carolina tenía razón y él tenía un motivo oculto para contratarla, ella debía saber cuál era. Porque, la mera idea de que fuera el que Carolina le había sugerido la aterraba y angustiaba. Además, seguía experimentando las inadecuadas sensaciones que la asaltaban cuando estaba en presencia de él. Pedro frunció aún más el ceño y la miró con ojos tan acerados que a ella le sorprendió que no destruyeran la poca compostura que le quedaba. Se produjo un silencio que pareció durar una eternidad, en el que solo se oía la respiración de ambos. Ella pensó que el cuerpo se le iba a consumir ardiendo, cuando él la miró de arriba abajo. Contuvo la respiración mientras el corazón le latía desbocado. Entonces, él bajó la vista. Ella respiró aliviada. Dos segundos después, Pedro volvió a mirarla a los ojos, pero, aunque su mirada seguía siendo intensa, ya no parecía que él estuviera a punto de explotar.


—Mi hermana y yo no siempre estamos de acuerdo. Ella es apasionada y fuerte, pero también impulsiva e imprudente, y le encanta convertirme la vida en un infierno, así que prefiero ser yo quien recabe su opinión.


Ella supo que no le estaba contando todo, pero al menos era un punto de partida para comunicarse y evitar el enfrentamiento.


—No es mi intención crear problemas entre su hermana y usted — dijo ella en tono conciliador.


No la había despedido. Podía organizar la boda, pero debería comportarse de manera completamente profesional. Con Pedro Alfonso había cruzado una línea que no dejaba de fluctuar. Aunque oficialmente era viuda, nunca había experimentado semejante atracción física por un hombre. La única manera de seguir adelante era establecer límites para protegerse. 

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