miércoles, 17 de diciembre de 2025

Te Necesito: Capítulo 18

Pero no podía permanecer insensible eternamente. Que su reacción ante Pedro la hubiera hecho darse cuenta, no significaba que su deseo físico tuviera ningún otro significado ni, desde luego, que tuviera que hacer nada al respecto ni creerse la teoría de Imelda sobre las intenciones de su hermano de salir con ella.


—¿No te das cuenta de que eso te convierte en la candidata ideal?


Paula miró el reloj y se levantó, aún temblorosa.


—Tengo que irme. Estoy citada con tu hermano a las cinco, en el castillo.


Una cita a la que no tenía ganas de acudir. Tendría que explicarle que le había contado sus planes a su hermana y enfrentarse a su reacción. Además, la increíble teoría de Imelda estaría en un rincón de su cerebro, lo cual no iba a ayudarla con la explosión hormonal que él le provocaba cada vez que la miraba. Por no hablar de la carpeta que debía enseñarle, ahora cubierta de estiércol de caballo. Se apartó el cabello de la cara e intentó quitarse el barro de los vaqueros. No tenía tiempo de cambiarse, porque lo que de ninguna manera iba a hacer era volver a llegar tarde.


—Siento mucho haberte molestado y haber creado un problema entre tu hermano y tú.


—¿Qué problema? —preguntó Carolina, sorprendida.


Paula decidió no darle explicaciones. Ya se había pasado de la raya al ir a verla, lo cual debería enseñarle a no actuar por instinto ni por curiosidad. Le tendió la mano.


—Espero que trabajemos juntas en la organización de tu boda. Creo que Chaves Events haría un excelente trabajo.


—No me cabe la menor duda. Los bocetos que he visto son preciosos. Me encantan —afirmó Carolina estrechándole la mano con firmeza—. Y si Pedro paga la factura, será grandiosa, no como la que tenemos pensada en Flaherty’s.


Las efusivas alabanzas animaron un poco a Paula. Tal vez aún pudiera salvar el contrato, si se esforzaba y Pedro no se enteraba del aspecto personal de la conversación con su hermana; si lo hacía, la despediría en el acto. 


—Soy la novia —dijo Carolina—. Y aunque mi opinión no le importe a mi arrogante hermano, cuando hables con él, dile que la temática de cuento de hadas es la que más me gusta y que va a tener que vestirse de duende para acompañarme hasta el altar —añadió con un brillo malicioso en los ojos.


Paula rió.


—Me despedirá si se lo digo.


Carolina también rió y Paula se percató de que, durante la conversación, había hecho una amiga y que le caía muy bien. Siempre había querido tener una hermana, así que la sensación era agradable, incluso aunque la amistad fuera a durar poco.


—Vete ya. Estaba bromeando —dijo Carolina dándole una palmada en la espalda.


Mientras volvía al coche, Paula se preguntó cómo era posible que la hermana de Pedro fuera tan impetuosa y entusiasta, cuando él era tan cínico y reservado. Pero recordó los detalles de su pasado. Carolina y Sonia se quedaron huérfanas con seis y ocho años de edad, según le había contado Marta, y Pedro se convirtió en su tutor, así que, en buena parte, el carácter de Carolina tenía que deberse a su influencia. Debía de haber sido un excelente padre sustituto para que su hermana fuera una mujer tan segura de sí misma.

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