viernes, 26 de diciembre de 2025

Te Necesito: Capítulo 26

Cuando ella le había hablado de la relación de él con sus hermanas, su rostro transmitía sinceridad y pena, no la despreocupación que él esperaba encontrar. ¿Por qué lo que había hecho por sus hermanas la conmovía tan profundamente? ¿Y por qué le importaba a él? Durante seis días se había resistido a leer el informe de la investigación que había encargado hacía cuatro años, cuando Sonia dejó la facultad de Arte en Londres y se marchó embarazada, sola y destrozada, negándose a decir quién era el padre. La investigación lo había conducido al hombre del que estaba convencido que era el padre de Joaquín. Pero leer el informe la noche anterior no le había proporcionado más detalles sobre Paula Chaves que los que ya conocía: El nombre, la dirección de su empresa y que era el único familiar de Rafael De Courtney, una hermanastra a la que Pedro suponía que quería mucho, ya que le había pagado la educación en un caro internado, a pesar de ser hija ilegítima de su padre. Pero ahora ya no estaba seguro de eso. «Está dispuesto a apoyarla en su decisión, aunque no esté de acuerdo. Es algo que no suele ocurrir». Esas palabras y todo lo que le había dicho aquella tarde habían traspasado el muro que había construido alrededor de su corazón. Un muro que había levantado ladrillo a ladrillo, desde el día en que entró en el dormitorio de su madre, la mañana de Navidad de hacía trece años, y halló… Alejó el cruel recuerdo de su mente. «No sigas por ahí. Ya tienes bastante con los problemas que te ha creado Paula Chaves».


Subió al castillo y se dirigió a sus aposentos. Se dió una ducha de agua fría para controlar la excitación que se había vuelto a apoderar de él, a pesar del baño en agua helada. «Estupendo, justo lo que me faltaba antes de volver a verla». Se vistió y comprobó la hora en el móvil. Llegaba tarde a la cita, una cita que había pensado muchas veces anular. En realidad, no tenía que dar el visto bueno al presupuesto personalmente: Podía hacerlo su director financiero. Pero, cada vez que lo pensaba, se daba cuenta de que no se lo encargaría, porque, además de deseo, ahora sentía curiosidad, ya que presentía que Paula Chaves era mucho más interesante de lo que suponía. Al día siguiente, ella se marcharía, una vez aprobado el presupuesto, y no tendría que volver a verla hasta que se celebrara la boda, varias semanas después. Era la excusa perfecta para quitársela de la cabeza. Pero deseaba saber más de ella, descubrir los secretos que ocultaban aquellos inocentes ojos verdes. ¿Su hermanastro también la había abandonado? Y si lo había hecho, ¿Podría ella proporcionarle información que pudiera utilizar en su contra, si fuera necesario? Y si el deseo fuera mutuo, ¿Acaso sería un error intimar con ella en beneficio de Sonia y Joaquín? Bajó al despacho. ¿Y qué si la deseaba? Podía ser útil, si ella le correspondía. Era imposible que fuera tan inocente como denotaban sus sonrojos. Y ella no volvería a traspasar el muro, porque ahora estaba preparado. Abrió la puerta del despacho y ella se levantó de un salto mirándolo con sorpresa y… ¿Placer? Entonces supo que aquella reunión no sería el fin, sino el principio. 

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