lunes, 15 de diciembre de 2025

Te Necesito: Capítulo 14

 —Estupendo —dijo Paula, deseosa de conocer a la hermana de Pedro. Y no solo por razones profesionales.


Durante el recorrido por el castillo, Marta le había dado detalles sobre la educación de Pedro y sus hermanas, lo cual hizo que volviera a sentir por él la simpatía del día anterior. Él estaba muy unido a Sonia y Carolina. Su padre había muerto cuando él tenía dieciséis años y las niñas eran mucho más jóvenes, y la madre murió dos años después. Sin embargo, en lugar de mandar a sus hermanas a vivir con parientes lejanos o de permitir que las acogiera una familia, se convirtió en su tutor, al tiempo que tenía que ocuparse de la granja familiar. A Paula le costó mucho más imaginárselo siendo el padre sustituto de dos niñas que el fundador de un imperio multimillonario. Le pareció una hazaña impresionante, sobre todo si tenía en cuenta el pasado disfuncional de su propia familia, suponiendo que pudiera seguir llamando así a los De Courtney. Se quitaba el sombrero ante Pedro por no haber abandonado a su hermana cuando esta eligió casarse con el amor de su infancia, en contra de sus deseos. Conocer a Carolina le permitiría conocer mejor el lado tierno de Pedro, un aspecto que ocultaba en el trabajo y del que ella quería averiguar más. Mucho más.


—Perdone, ¿Quién es usted? —los sorprendentes ojos azules de Carolina, muy parecidos a los de su hermano, se entrecerraron al fijarse en el rostro de Paula.


La hermana de Pedro palmeó el anca de un caballo, cuyas herraduras estaba examinando al entrar Paula en la cuadra. Alta y delgada, con el cabello negro recogido en una cola de caballo, con vaqueros gastados y una vieja camiseta manchada de barro, Carolina Alfonso poseía la misma mirada intimidante que su hermano. Su ceño fruncido también le resultó familiar a Paula.


—Me llamo Paula Chaves. Marta me ha dicho que le comunicaría que vendría a verla para hablar de la organización de la boda —dijo sintiéndose tan cohibida como con Pedro el día anterior.


¿Fruncir el ceño para intimidar al otro era cosa de familia? Carolina lo frunció aún más. 


—Pero usted no es de Flaherty’s. Pilar no contrataría a nadie tan elegante.


—¿Flaherty’s? —fue Paula la que entonces frunció el ceño—. Lo siento, pero no…


—El bar Flaherty’s de Westport —contestó Carolina quitándose los guantes y metiéndoselos en los bolsillos traseros de los vaqueros—. El sitio que Adrián y yo hemos alquilado para la boda.


Paula tragó saliva y sintió náuseas. ¿Acaso Pedro pretendía que la boda en Kildaragh fuera una sorpresa para su hermana? Era la primera vez que se encontraba con algo así, pero tal vez fuera una costumbre irlandesa. Y ella la había estropeado. ¿Cómo no se lo había dicho Pedro?


—Lo siento mucho. Creo que ha habido un error —dió media vuelta reprimiendo las ganas de retorcerle el cuello a su nuevo cliente mientras salía de la cuadra a toda prisa. Trataría de minimizar los daños hasta saber qué sucedía.


—Espere —Carolina la alcanzó y la agarró del codo—. Aún no me ha dicho quién es usted.


La detuvo tan deprisa que la carpeta se le cayó de las manos. Paula maldijo en voz baja al ver su contenido esparcido por el barro. Aunque lo tenía todo en el ordenador, debía enseñárselo a Pedro una hora después. Y ahora estaba cubierto de… ¿era barro? Porque no olía así. 

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