lunes, 1 de diciembre de 2025

Falso Matrimonio: Capítulo 78

 —Ya me he disculpado por eso muchas veces —contestó. Ver que no compartía su entusiasmo le heló la sangre.


—Lo sé, y creo que has sido sincero, pero lo que conseguiste fue hacerme pensar como es debido sobre mi vida y la clase de futuro que quiero. Los dos sabemos que lo de vivir contigo iba a ser solo temporal. Que seamos amantes ha cambiado mucho las cosas, pero no ha cambiado mis planes, y yo no he dicho nada que pudiera hacerte pensar otra cosa.


—Entonces, ¿Qué pasa con nosotros? ¿Te compro un piso, te vas, y hemos terminado?


—¿Por qué se iba a terminar? Podemos seguir estando juntos. Podemos seguir siendo una familia, aunque no en el sentido tradicional. Puede que algún día eso cambie, pero de momento, no. No estoy preparada.


El frío que se había apoderado de su sangre se volvió un martillo de hielo que le golpeaba la cabeza.


—¿No estás preparada? ¡Pero si es la vida que estamos viviendo!


—Pero solo temporalmente —cerró los ojos, apoyó el codo en la mesa y la frente en la mano—. Quiero disfrutar de mi libertad. Es lo que he querido siempre: La libertad de levantarme de la cama sabiendo que no tengo que responder ante nadie, de tomar mis propias decisiones, de ser solo yo.


Pedro levantó la mano a un camarero que pasaba para pedirle algo de beber.


—Tú sabes que, en todo el tiempo que hemos estado juntos, no he dicho nada sobre que me utilizaras, ni tampoco te he pedido que te disculparas por ello —continuó.


Ella dió un respingo.


—Yo nunca te he utilizado.


—Era tu ruta de escape para librarte de tu padre.


—No eras eso para nada. Estaba loca por tí.


Oírla usar el pasado hizo que la tempestad se volviera más violento. Mientras él flotaba embriagado en su relación, pensando en un futuro como familia para ellos, ella iba tachando los días que faltaban para poder perderlo de vista. Antes era tu ruta de escape, ahora soy la gatera de la puerta y pronto seré la cuenta bancaria que te pagará un piso. Ella levantó las cejas.


—No hagas que parezca que yo te he exigido que me compres un piso. ¡Si hubiéramos hecho lo que tú querías, me habrías instalado en algún sitio nada más poner un pie en Nueva York! Además, todo esto no es por mí. Es para que nuestro hijo pueda crecer teniendo a su padre y a su madre en la misma ciudad.


—¿Seguro que no quieres cederme la custodia? —ironizó—. Igual tener un hijo te chafa los planes cuando por fin tengas la libertad que tanto deseas.


Paula palideció.


—Qué injusto es lo que dices. Yo quiero a nuestro hijo y tú lo sabes, y haré lo que sea necesario para que tenga el mejor comienzo posible en la vida. Ese hijo, o esa hija, es la razón por la que estoy aquí y eso también lo sabes. La libertad a la que tenga que renunciar por él no va a ser ningún sacrificio para mí.


—¿Y renunciar a esas libertades por mí, sí que lo sería?


—Eso es completamente distinto, no te hagas el tonto. Tú no quieres que renuncie a mi futuro porque estés enamorado de mí, sino porque has decidido que, ya que estoy aquí y no es tan malo como creías, puedo valer.

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