viernes, 26 de diciembre de 2025

Te Necesito: Capítulo 28

Se obligó a terminar la presentación.


—Como verá, he conseguido precios muy competitivos. Carolina está muy contenta con cómo van las cosas.


—Estupendo. Mándeselo todo a mi director financiero por correo electrónico —dijo él dando por concluida la presentación que ella había ensayado durante más de una hora, antes de verlo en la playa con el torso desnudo.


«Concéntrate».


—Sí, desde luego —consiguió decir obligándose a mirarlo a los ojos.


Por desgracia, sus rasgos y sus ojos azul cobalto no eran menos asombrosos que su torso desnudo.


—Ya le he enviado el presupuesto, así que póngase en contacto con él para los detalles —añadió él con una divertida sonrisa que la asustó.


¿Sabría que lo había estado espiando todos los días? ¿Era capaz de ver en el interior de su cabeza la imagen de él, impresa allí para siempre, con sus fuertes abdominales, sus potentes bíceps, el vello del pecho que le descendía hacia… «¡Basta! Y dí algo que, a ser posible, sea coherente e importante».


—Muy bien. Entonces no le envío a usted mi hoja de cálculo, ¿No?


Él enarcó una ceja y sonrió.


—¿Su hoja de cálculo? No.


—Gracias —dijo ella apagando el portátil mientras lamentaba que la reunión hubiera acabado—. Me marcho, a no ser que tenga alguna otra pregunta sobre el presupuesto o los planes para la boda.


¿Tan desesperada estaba por pasar unos minutos más en su compañía?


—No tengo más preguntas sobre la boda.


Ella asintió y metió el portátil en la cartera, ansiosa de marcharse antes de hacer algo de lo que tuviera que avergonzarse, como suplicarle o hiperventilar.  «¿No te parece que ya te has comportado de manera muy poco profesional con esa tendencia voyerista que acabas de descubrir que posees?».


—Pero sí quiero preguntarle algo que nada tiene que ver con la boda.


Ella alzó la vista y se encontró con la intensidad de su mirada.


—En realidad, es más una petición que una pregunta. Necesito una acompañante para el Baile Lumière que se celebra mañana por la noche en París.


—Perdone, ¿Cómo dice? —preguntó ella, tan sorprendida que creyó estar sufriendo una alucinación auditiva.


¿La acababa de invitar al Baile Lumière, el acontecimiento más prestigioso y exclusivo de la estación invernal en Europa? Solo acudían a él los multimillonarios, las estrellas de cine, los miembros de la realeza y algunas personas importantes muy escogidas. Pero lo que la impedía respirar no era solo la idea del baile, sino la de ir con él. Era imposible. Ella era una organizadora de eventos que trabajaba para él, y ni siquiera estaba segura de caerle muy bien. Debía de haberlo entendido mal. 

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