lunes, 15 de diciembre de 2025

Te Necesito: Capítulo 13

Tras haberse duchado, se puso unos vaqueros, un elegante jersey y unas botas para andar por los jardines del castillo. No tardó en encontrar a la señora Doolan, a quien había conocido la noche anterior. A diferencia de su jefe, la señora Doolan, que insistió en que la llamara Marta, era una mujer amable, risueña y habladora. Después de prepararle a Paula un buen desayuno irlandés, le enseñó el castillo. Le presentó a los empleados y a la chef, Silvia Murphy, a la que no le habían informado de la boda, lo que a Paula le extrañó. Se dijo que debía preguntar a Conall si iba a contratar un catering o iba a utilizar los servicios de Silvia y su equipo. Mientras visitaban el castillo, Marta le explicó que Pedro ocupaba el ala este del edificio, pero que rara vez la habitaba. Tampoco sus hermanas vivían allí. Paula hizo fotos y tomó notas de los dos salones, de las cuatro antesalas y de las distintas habitaciones de las dos alas principales del castillo, al tiempo que anotaba ideas para añadir a lo que ya había decidido. También visitó la capilla, que podía ser una opción para celebrar la ceremonia. Estaba muy bien situada, al lado del castillo, por lo que, si nevaba, no habría problema para que la gente se trasladara desde allí al lugar en que se celebrara el banquete. Cuando vió el salón de banquetes, pensó que era un lugar perfecto para lo que quisieran hacer allí Pedro y su hermana, después de la ceremonia, ya fuera una comida formal o algo más relajado. Estaba tan bien restaurado como el resto del castillo. Katie miró a su alrededor y se imaginó lo estupendo que quedaría cuando se hubieran colocado flores e instalado velas y antorchas, para que pareciera un cuento de hadas Aunque él no fuera un romántico, ella sabía que Imelda lo era. La residencia de su hermano le proporcionaría el lugar ideal para que su boda fuera la de la reina de las hadas.


—¿Quiere que le sirva la comida, señorita Chaves? Son más de las dos. Debe de tener hambre.


Paula alzó la vista y vió a Marta en la entrada del salón.


—¡Madre mía! ¿Ya son las dos? —le quedaban menos de tres horas para reunirse con Pedro y aún tenía que ponerse en contacto con su hermana—. Tomaré un bocadillo, si no es mucha molestia. Pero lo que necesito es hablar con Carolina. Me encantaría conocerla y también a su prometido.


Pedro debería habérselos presentado ya, pero suponía que probablemente preferiría que se encargara ella, pues le había dejado claro que no le molestara con los detalles.


—Carolina y Adrián viven en la granja de él. Está a diez minutos de aquí en coche. Si pueden recibirla después de comer, le buscaré un coche para que vaya. 

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