—No importa quién soy —dijo arrodillándose—. No debería haber venido así —añadió devanándose los sesos para explicar su presencia allí a Carolina y su trabajo manchado de estiércol de caballo a Pedro.
Carolina se arrodilló a su lado y agarró uno de los bocetos que Paula había realizado sobre un tema medieval irlandés.
—Es precioso —murmuró, lo que hizo que Paula detuviera bruscamente sus frenéticos movimientos—. Y este también —añadió agarrando otro sobre mitos y folklore locales.
—Gracias —dijo Paula quitándoselos de las manos.
—¡Es una organizadora de bodas! —exclamó Carolina—. ¡Y es muy buena!
Paula asintió porque no podía hacer otra cosa. La habían pillado.
—Soy organizadora de eventos y…
—La ha contratado Pedro, ¿Verdad? Para organizarme la boda en Kildaragh.
Paula metió los últimos papeles en la carpeta. Lo había echado todo a perder.
—Así es, aunque me temo que me despedirá después de haberle arruinado la sorpresa.
—El muy canalla —dijo Carolina sonriendo.
—Lo siento —Paula sabía que había metido la pata y que iba a perder el contrato.
Pedro no iba a aceptar un error de semejante magnitud, teniendo en cuenta su reacción por haber llegado cinco minutos tarde el día anterior. Pero no entendía por qué a Imelda le parecía divertida la situación.
—No lo sienta, no es culpa suya, sino de mi hermano que se dedica a bromear conmigo, o con usted, o con las dos. No sé a qué está jugando, porque ha hecho todo lo que está en su mano para impedir la boda. Pero estoy segura de que trama algo.
—Puede que haya cambiado de opinión —dijo Paula.
—¿Conoce a mi hermano? —preguntó Imelda mientras la miraba con compasión.
—Sí.
—Entonces sabrá que es un canalla cínico, controlador y astuto.
—Bueno, es… —Paula titubeó.
No quería darle la razón a Carolina, porque sería muy poco profesional. Pedro era su cliente, posiblemente su ex cliente, pero estaba de acuerdo con la cáustica definición del carácter de su hermano porque así se había comportado la noche anterior y en la entrevista inicial.
—Es un jefe muy exigente, eso sí.
—Exigente es una forma suave de decirlo — afirmó Carolina soltando una carcajada—. Pero digamos que Pedro siempre tiene motivos ocultos, segundas intenciones para conseguir que los demás hagan lo que quiere. Y la última vez que lo ví se opuso con uñas y dientes a que me casara con Adrián, porque solo un multimillonario como él sería adecuado para su hermana pequeña.
Carolina lanzó un bufido.
—Así que si la ha contratado para que me organice la boda, una boda espectacular, lo ha hecho por motivos que nada tienen que ver con regalarme un día que recuerde toda la vida.
—¿Está segura de que no lo ha hecho porque la quiere? —preguntó Paula, que no dejaba de creer que bajo su fachada dictatorial y despótica ocultaba una gran ternura.
«¡Por favor! ¿De verdad lo crees o se trata sencillamente de que tus hormonas intentan justificar la atracción que sientes por él?».
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