—¿Por qué va a necesitar que esté disponible día y noche?
—¿Le supone un problema?
Paula respiró hondo. «Es un hombre muy atractivo y poderoso, ante el que reaccionas porque eres humana, porque estás viva y porque sigues siendo una mujer. No pasa nada».
—No, pero… Cuando acepto un encargo, organizo un plan para el evento, el cliente lo discute con mi equipo y conmigo y, si se siente satisfecho, nosotros nos hacemos cargo —hizo una pausa, porque la intensa mirada de él la hacía balbucear.
¿Intentaba ponerla nerviosa? Pues lo estaba consiguiendo.
—Mi trabajo consiste en encargarme de los detalles —prosiguió—. Por lo tanto, que usted tuviera que ponerse en contacto conmigo a medianoche significaría que no estaría haciendo bien mi trabajo.
Él dejó la pluma sobre los papeles que estaba firmando y esbozó una sonrisa burlona.
—Dirijo una empresa internacional, señorita Chaves. Ahora mismo tenemos proyectos en ocho husos horarios distintos, y yo viajo por todo el mundo. Lo que para usted es medianoche para mí puede ser mediodía. Además, no suelo dormir más de tres o cuatro horas —añadió.
Frunció el ceño, tal vez por haberle comunicado algo personal.
—Si tengo que hacerle una pregunta sobre el evento, quiero que me la conteste inmediatamente usted, no uno de sus empleados. Si esa disponibilidad le supone un problema, podemos dar por terminada la entrevista.
—No es un problema. Estaré disponible, si necesita que lo esté. Lo único que digo es que no debería ser necesario —ahora deseaba aquel contrato más que antes, y no solo por motivos puramente profesionales.
Pedro Alfonso constituía un reto para ella y para la empresa; un reto que había conseguido esquivar desde la muerte de Leandro, porque, en muchos sentidos, también estaba muerta. Aún no estaba preparada para volver a salir con un hombre. Pero era indudable que controlar una inadecuada atracción sexual hacia un cliente, sobre todo del calibre de Pedro Alfonso, sin duda formaba parte del proceso de volver al mundo de los vivos.
—Muy bien, entonces queda claro.
La opresión del pecho de Paula disminuyó un poco. No debía temer la atracción física que experimentaba hacia él, sobre todo porque no iba a hacer nada al respecto y porque las posibilidades de que él experimentara lo mismo hacia ella eran nulas. Al haberse pasado dos días buscando información, sabía que salía con modelos, actrices y mujeres con el mismo maravilloso aspecto que él. Agarró la carpeta que había dejado en la silla de al lado, ansiosa de que la conversación retomara el curso debido.
—¿Quiere ver los conceptos que nos han pedido, sobre los que se va a basar la organización del evento? —preguntó al tiempo que se levantaba para depositar la carpeta en el escritorio—. Me han dicho que se trata de una semana de formación de equipos en la sede de…
—No.
—¿Cómo dice? —abrazó la carpeta y lo miró, mientras el pánico se añadía a las otras desagradables sensaciones que estaba experimentando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario