miércoles, 17 de diciembre de 2025

Te Necesito: Capítulo 20

Era el apodo que él le había puesto cuando era un bebé y que no había vuelto a emplear desde el funeral de su madre, cuando Carolina lo miró con el rostro bañado en lágrimas y le dijo que ya era muy mayor para apodos estúpidos. La emoción que lo embargó al volver a ver el apodo lo disgustó, porque lo obligaba a reconsiderar su estrategia y a celebrar aquella maldita boda, lo que implicaba trabajar más de una semana con Paula, una mujer que no quería tener cerca ni, mucho menos, sentirse atraído por ella.


—Hola, señor Alfonso, espero no llegar tarde —dijo ella sonriendo levemente.


El comentario parecía inocente, pero Pedro se preguntó si se burlaba de él. Si era así, cometía un error, porque no le gustaba que le tomaran el pelo. Y, francamente, ya estaba lo bastante inquieto después del mensaje de Imelda para soportar indirectas sobre su conducta del día anterior, antes del vuelo. Miró el reloj.


—No, esta vez no ha llegado tarde —dijo en tono seco e intentando no reaccionar a su sonrisa.


El día anterior, al igual que en la entrevista de hacía una semana, ella iba impecablemente maquillada, pero esa tarde no se había maquillado. Por primera vez, él observo las pecas que tenía en la nariz. Unidas a su atuendo informal y a su sonrisa, la hacían parecer más joven y atractiva que durante el viaje en helicóptero.  Notó que la entrepierna le latía. «No seas tonto. Ella no es dulce ni inocente, porque es una De Courtney. Solo es puro y simple deseo, añadido a la impresión de que Carolina haya utilizado su antiguo apodo».


—Siéntese —dijo indicándole una silla delante del escritorio, antes de tomar él mismo asiento, resuelto a no perder de vista los motivos de haberla llevado a Kildaragh.


Quería averiguar cosas sobre su hermano. Y tal vez castigarla por ser miembro de la familia De Courtney, por tener los privilegios y oportunidades que le habían sido negados a su hermana Sonia por haber sido madre a los diecinueve años. Aunque tuviera que aceptar que la boda de Carolina se celebrara en Kildaragh, podía continuar con su plan de poner a Paula Chaves en su sitio, mientras trabajaba para él. No iba a facilitarle las cosas, ya que no se lo merecía. Ya había llevado una vida cómoda hasta aquel momento, en tanto que su hermanastro había conseguido que la de Sonia fuera dura. Lanzó una mirada a la ropa que ella llevaba dándole a entender que no lo impresionaba su aspecto informal.


—Siento llevar esta ropa —nerviosa, lanzó un bufido—. No he tenido tiempo de cambiarme. He estado muy ocupada recorriendo el castillo para elaborar un calendario de acontecimientos, buscar posible lugares para distintas actividades…


Él la interrumpió.


—La próxima vez, busque el tiempo para vestirse adecuadamente.


—Muy bien —dijo ella en un tono obediente que contradecía el brillo de sus ojos. 


¿Era de indignación, enfado, rebeldía? Fuera lo que fuera, los latidos de la entrepierna le aumentaron. Ella se puso el cabello detrás de las orejas y a él le llegó el delicioso aroma a naranja y romero que ya lo había embriagado en el helicóptero. Y tuvo que contenerse para no aspirar una bocanada. ¿Qué le pasaba? Ella era la privilegiada y mimada hermana de un hombre al que despreciaba. ¿Cómo sentía por ella otra cosa que no fuera repulsión?

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