«Cálmate, Paula. Se trata de un trabajo, no de una aventura, por espectacular que sea el lugar y por cautivador que sea el cliente».
—Me muero de ganas de verlo de día y empezar a pensar en la decoración. ¿Hay algún lugar que su hermana prefiera para la celebración de la ceremonia?
—Supongo que sí. Hablaremos de ello mañana —contestó él mientras se abría la puerta de la cabina y aparecía su secretario.
—Pedro —dijo el joven. A Paula le sorprendió que tuteara a su jefe—. Leticia Ahern, de Amari Corp, quiere saber si podrías hablar esta noche con Karim sobre el proyecto Zafar.
—Desde luego —se desabrochó el cinturón y agarró la chaqueta que había dejado a su lado. Señaló a Katie—. Acompaña a la señorita Chaves a la casa y preséntasela a la señora Doolan.
Se volvió hacia ella, pero la sonrisa había desaparecido.
—Nos veremos mañana a las cinco para hablar de los detalles. Si necesita algo, dígaselo al ama de llaves.
Antes de que ella tuviera tiempo de darle las gracias, él ya había bajado la escalerilla y se dirigía a la casa, rodeado de un grupo de personas que lo esperaban a su llegada.
—Voy a por su abrigo —dijo el secretario.
—Gracias —murmuró ella, incapaz de apartar la vista de su nuevo cliente mientras subía de dos en dos los escalones que conducían a la puerta de roble y desaparecía en el interior.
Intentó regular el ritmo de la respiración y averiguar por qué se sentía mareada y desorientada. Aunque aquello fuera un trabajo y no una aventura, le parecía más lo segundo que lo primero. Y le dió la impresión de que no tenía que ver con la imposible tarea de organizar una boda en dos meses para una pareja que aún no conocía, sino con el hombre taciturno que acababa de separarse de ella y que era incluso más fascinante que su casa.
A la mañana siguiente, Paula se despertó temprano en la suite del torreón oeste del castillo. No había descansado bien. ¿Quién iba a imaginarse que su inadecuada reacción ante su nuevo cliente la perseguiría en sueños, con imágenes sensuales de él ordenándole que hiciera muchas más cosas que organizarle una boda? Aspiró el aire del mar desde la ventana gozando de la magnífica vista de la cala desierta bajo el castillo. Lo que necesitaba era trabajar y alejar la impresionante presencia de Pedro Alfonso de sus pensamientos. Tenía un montón de cosas que hacer. Para la reunión de esa tarde quería tener lista la mayor cantidad de detalles posible. Para empezar, debía echar un vistazo a las instalaciones del castillo y decidir dónde se celebrarían las distintas partes del evento, ponerse en contacto con su equipo, confirmar la fecha por medio de un correo electrónico a una de las secretarias de Alfonso y, con suerte, conocer a la novia. Aunque Pedro aún no había hablado de reunirse con Carolina, creía que era el paso siguiente, ya que era quien debía explicarle qué boda quería.
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