miércoles, 17 de diciembre de 2025

Te Necesito: Capítulo 19

Carolina estaba en la entrada de la granja, con Adrián, su prometido, un robusto granjero al que Paula había conocido al llegar. Él le rodeaba la cintura con el brazo. Era evidente que adoraba a su prometida. Carolina  le dijo adiós con la mano, mientras Paula salía marcha atrás del patio.


—Buena suerte con Pedro —gritó Carolina —aunque no creo que vayas a necesitarla. Seguro que te tira los tejos.


«De ningún modo. Y no quiero que lo haga». Paula frunció el ceño intentando centrarse en el pedregoso camino, en vez de en los inadecuados pensamientos que le había provocado el descarado comentario de Carolina. Pero cuando divisó el castillo, el corazón comenzó a latirle desbocado y notó calor entre los muslos. «¡Caramba! Gracias, Carolina».


"Buena suerte con tu nuevo amor, hermanito. Por fin te vas a ligar a alguien que no parece un insecto con cara avinagrada. Me parece muy bien. Y gracias por ver la luz y ofrecerte a pagarme la boda en Kildaragh. Acepto. Me encantan las ideas de tu chica. Te quiero. Carito." Pedro releyó el mensaje de su hermana intentando entenderlo. ¿Qué nuevo amor? ¿Qué chica? ¿Y cómo se había enterado de lo de la boda? A Carolina le gustaba meterse con él desde los seis años, cuando se dio cuenta de que se sentía perdido al tener que hacer de padre y madre para sus hermanas. Tuvo que partir de cero y darse prisa: desde aprender a hacerles una trenza a las siete de la mañana, cuando ya llevaba tres horas levantado ordeñando vacas, hasta tranquilizarlas cuando tenían pesadillas o mojaban la cama, cuando estaba exhausto y, también, muy apenado. Carolina se daba cuenta de sus fallos, se los indicaba y le decía cómo solucionarlos. Pero no hablaban desde que se habían peleado por su decisión de casarse con Adrián Delaney. Era un buen chico, pero no lo bastante para ella. Además, ¿Quería ser la esposa de un hombre durante toda la vida, cuando él quería que se hiciera cargo de la filial irlandesa de la empresa, tras haber acabado sus estudios universitarios aquel verano? Las dos hermanas siempre opinaban sobre las mujeres que elegía. Pero ¿De dónde se había sacado Imelda la idea de que necesitaba su aprobación para salir con alguien? ¿Y a quién se refería? No había tenido tiempo ni ganas de sustituir a Karen, después de la ruptura. No pretendía haberla herido, pero ¿Cuándo le había dado él la impresión de que quería algo más que sexo y compañía entretenida?


—Pedro, la señorita Chaves acaba de llegar para la cita de las cinco.


Alzó la vista del móvil y vio a su secretario con la mujer que había acaparado buena parte de sus pensamientos. Se levantó y se guardó el móvil en el bolsillo trasero. Ya intentaría averiguar después a qué jugaba Carolina. Ahora tenía un problema más urgente: Su hermana se había enterado de que había contratado a una organizadora de bodas, por lo que esperaba que siguiera adelante con una celebración con la que él no estaba de acuerdo y sobre la que aún no había tomado una decisión definitiva. Y ella había firmado el mensaje como Carito. 

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