lunes, 22 de diciembre de 2025

Te Necesito: Capítulo 24

 —Podemos vernos al final de la semana para repasar el presupuesto —dijo él sin dejar de examinarla— y decidir los detalles con Carolina y Adrián. Quiero incluir a algunas personas en la lista de invitados. Por lo demás, que Carito y Adrián decidan a quién quieren invitar.


—¿Quién es Carito? —preguntó ella, antes de darse cuenta de que tenía que ser Imelda. 


Se quedó asombrada al ver que él se ponía tenso y se sonrojaba. Pedro carraspeó.


—Carolina —contestó con voz ronca—. Es un apodo.


Por fin dejó de mirarla, pero ella seguía sorprendida por su reacción. No se podía decir que Pedro Alfonso fuera un hombre dulce. Era exigente, poco comunicativo y muy cínico, y no soportaba a los estúpidos. Pero, en ese momento, al percatarse de lo incómodo que se sentía porque ella hubiera sido testigo de que había utilizado el apodo de su hermana, se conmovió. «Es un ser humano, aunque no quiera serlo». Él volvió a mirarla a los ojos, y los tiernos pensamientos de ella desaparecieron para ser sustituidos por una oleada de deseo que se le alojó en el vientre.


—Puede marcharse, señorita Chaves —dijo él bruscamente.


Ella asintió y salió de la habitación a toda prisa, contenta de no tener que pasar mucho tiempo en su compañía en los días siguientes, mientras el deseo le latía en el sexo. Subió corriendo a sus aposentos sabiendo que tampoco esa noche dormiría bien, porque no solo se había pasado de la raya, sino que se había estrellado contra ella y ahora se hallaba en tierra de nadie, de donde no sabía cómo salir. Estaba fuera de control por una dura e inflexible mirada de Pedro Alfonso, que probablemente no había significado nada para él, pero demasiado para ella. Pero, sobre todo, sentía una conexión emocional con él que carecía de sentido. En un solo día en Kildaragh, gracias a la habladora ama de llaves de Pedro, de su indiscreta hermana y de su involuntaria reacción a un comentario inocuo, había descubierto cosas íntimas sobre aquel hombre irresistible, que no solo había cautivado y excitado su poco experimentado cuerpo, sino que se le había introducido en el corazón con suma facilidad.


 "Por si sirve de algo, creo que está haciendo algo maravilloso, señor Alfonso, y que es usted un hermano increíble". Pedro salió del agua en la cala privada que había bajo el castillo. Lo que le había dicho Paula Chaves hacía una semana lo seguía persiguiendo. ¿Por qué no podía quitársela de la cabeza, como tampoco la expresión de su rostro, compasiva y sincera? ¿Por qué le importaba lo que pensara de él o de su familia? El traje de neopreno que llevaba le proporcionaba cierta protección contra la lluvia y el viento que habían comenzado desde que se había metido en el agua, hacía veinte minutos, pero comenzó a tiritar al quitárselo y agarrar la toalla. Tras secarse a toda prisa, se puso el pantalón de chándal que había dejado bajo unas rocas y que ahora estaba mojado.

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