miércoles, 25 de marzo de 2026

Venganza Y Seducción: Capítulo 77

 —Pedro… Dices que no guardo rencor ni rabia hacia mi madre, que aprendí a comprenderla, perdonarla y ayudarla. No fue fácil. A veces la odiaba por lo que se hacía, pero nunca desesperé, porque tenía a mi hermana. La he admirado toda mi vida. Delfina mantuvo unida lo que quedó de nuestra familia, me mantuvo cuerda. Ella ayudó a mamá. Yo solo ayudé a Delfina a ayudarla. Ella me protegió de los matones en el horrible colegio al que nos enviaron después de que papá… —Paula respiró hondo antes de mirarlo directamente a los ojos—. Sé que papá te estafó. Te creo. Si dices que también estafó a otras empresas y personas, te creo. Y si dices que ella me mintió sobre encontrar pruebas de corrupción contra ustedes, también te creo.


Cuánto dolía admitirlo. Paula se secó las lágrimas.


—Te creo, Pedro —añadió—. Me mintió.


Que Dios la ayudara, estaba creyendo más en la palabra de Pedro que en la de su propia hermana. Pero desde el momento en que él había negado toda corrupción, ella supo en el fondo de su corazón, que decía la verdad. Era una verdad que se había ocultado a sí misma en los hermosos días que acababan de compartir, enterrándola porque se había enamorado locamente y deseaba egoístamente disfrutar ese tiempo con él, porque él también tenía razón en que lo que ella sentía por él jamás podría repetirse. Sin embargo, siempre había sabido que tendría que terminar. Lo que no sabía era cuánto dolería.


—¿Me crees? —él se frotó la nuca y respiró hondo.


—Pero eso no cambia nada. Los odia demasiado a tí y a tu primo. Su mentira debe haber nacido de la desesperación, no hay otra explicación. En los días previos a mi viaje al Caribe estaba tan tensa, porque por fin llegaba nuestra hora, que pensé que iba a romperse. Nuestro fracaso la destrozará. No puedo empeorarlo. No puedo traicionarla.


—Ya lo has hecho —afirmó Pedro.


—Lo sé —Dios, iba a llorar otra vez—. Pero esto, lo que hemos compartido, pronto será solo un recuerdo. Abandonarla para construir una vida contigo la destrozaría. Ella nunca me perdonaría.


—¿No crees que es lo mismo para mí?


Sorprendida por la dureza en su voz, Paula lo miró. La frialdad en sus ojos la hizo temblar.


—¿No crees que Ezequiel pensará que lo he traicionado? Yo, la única persona en el mundo en quien confía, enamorándome de una de las mujeres que intentó destruirnos —cuanto más hablaba, más se extendía la gélida furia acumulada mientras Paula enumeraba sus excusas—. ¿Enamorarme de la hija de Miguel Chaves y querer construir una vida con ella? Y no olvides que, en todo esto, Ezequiel es tan víctima como yo. Más aún. Mientras tú y yo nos divertíamos, él luchaba por la supervivencia de nuestra empresa. ¿Crees que yo no sabía cuáles serían las consecuencias? La diferencia es que yo te amo y estoy dispuesto a perderlo todo por estar contigo. Pero tú… —impregnó su voz de todo el desprecio que pudo—. Eres una cobarde. Ni siquiera lo intentas, y usas a tu hermana como excusa.


No hay comentarios:

Publicar un comentario