lunes, 9 de marzo de 2026

Venganza Y Seducción: Capítulo 61

Algún día, obligaría a su primo a visitarlo. Ezequiel nunca se tomaba vacaciones. Aún le sorprendía cómo dos chicos nacidos con solo unos meses de diferencia, criados como hermanos, podían ser tan diferentes y, sin embargo, estar tan unidos. Pedro recibiría una bala por su primo y sabía que Ezequiel haría lo mismo por él. Sospechaba que la relación de Paula con su hermana era similar. No conocía bien a Delfina, pero sabía que era más reflexiva y analítica, más introvertida que Paula. A pesar de su falsa apariencia, él había visto lo suficiente de la verdadera Paula para saber que era una persona amable y buena. Detuvo el buggy, cerró los ojos y respiró hondo. Ella había dedicado muchos años de su vida a maquinar contra él, para hundir su empresa. La gente buena y amable no se comportaba así. Solo porque fuera una enfermera que trabajaba con niños no la convertía en un ángel.  Abrió los ojos de golpe y siguió conduciendo. La piscina principal estaba rodeada de gente guapa tomando el sol y cócteles. Pedro se frotó la barba, sonrió y se dispuso a unirse a ellas. La fiesta en la playa duró hasta altas horas de la madrugada. Había bebido demasiado y pidió a uno de los empleados del complejo que lo llevara de regreso. Necesitaba tomar el aire para despejarse. Conocía a varios de los veraneantes: una supermodelo con cuya mejor amiga había tenido una aventura y su último pretendiente, un genio creador de aplicaciones, que frecuentaban los mismos clubes y bares que él en Londres. Rápidamente le habían presentado al resto del grupo. Una de esas personas era una actriz de televisión americana, rubia, alta y esbelta con ojos que invitaban a la cama, y que mantenía fijos en él. Era exactamente el tipo de Pedro, y había flirteado con ella durante horas antes de darse cuenta de que no le interesaba. Cuando ella le había susurrado al oído una invitación a su bungaló, él la había rechazado, y dado por terminada la noche. Aún seguía preguntándose por qué no había accedido, cuando llegó al bungaló de Paula. Había una luz encendida. El corazón le dio un vuelco, y tuvo que controlarse para no seguir el camino hasta la puerta.



La cocina del bungaló de Paula era, comparado con el resto, diminuta. Comparada con la cocina que compartía con Delfina, era enorme. Aunque diseñada pensando que los ocupantes no la utilizaran nunca, habiendo chefs de talla mundial en el complejo, estaba equipada con todo lo necesario. A ella le encantaba cocinar. Ciertos aromas, como los bizcochos y el pan recién horneados, siempre la transportaban a una época en que su familia había sido feliz. De momento, había horneado una tarta de limón y preparado un plato de pasta con salchichas italianas y parmesano. Sin embargo, en lugar de reconfortarla, los aromas le revolvieron el estómago hasta el punto de frustrar su plan de engullirlo todo. Lo mismo le había ocurrido el día anterior, con los profiteroles llenos de nata montada y chocolate. Si creía en la acusación de Pedro contra su padre, los recuerdos felices en que se apoyaba para levantar el ánimo y confiar en que los buenos tiempos regresarían para Delfina y ella, tal vez incluso para su madre, se basaban en una mentira. No podía creer que su padre fuera corrupto. Simplemente no podía. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario