miércoles, 4 de marzo de 2026

Venganza Y Seducción: Capítulo 59

Mientras avanzaban, ella trató de no maravillarse ante la belleza que los rodeaba, pero cuando salieron al claro, no pudo evitar una exclamación. Una enorme cala con el agua color turquesa más clara que hubiera visto jamás bañaba una orilla de arena limpia y blanca. Los rayos del sol hacían brillar el agua y la arena como si contuvieran millones de pequeñas joyas. Casi ocultos entre las palmeras que bordeaban la playa había cinco bungalós con techos de paja. El central, alejado de los otros cuatro, y más grande que todos ellos juntos, se alzaba como un monasterio tibetano. Era lo más impresionante que ella hubiera visto jamás. El conductor estacionó en un garaje cubierto, y oculto a simple vista.


—Permíteme enseñarte esto —susurró Pedro.


Paula cerró los ojos antes de seguirlo fuera del coche. De cerca, el complejo era aún más impresionante que de lejos.


—Es la primera vez que vengo desde que terminaron las obras — explicó él mientras se acercaban a los bungalós. Al llegar al primero, se dió cuenta de que cada construcción estaba situado en su propio paisaje privado—. Mi intención original para estas vacaciones era navegar una semana en el Palazzo delle Feste y pasar la segunda aquí —añadió Pedro.


—Has invertido mucho dinero en algo que solo vas a usar dos semanas al año —observó Paula mientras pasaban junto a una piscina de aspecto natural. Las palmeras ofrecían sombra a un lado, siendo el otro un paraíso para el amante del sol.


—Estoy pensando en el futuro.


—¿Ah, sí?


—Trabajo una media de ochenta horas semanales —habían llegado al segundo bungaló—. Llevo haciéndolo desde que era niño. En algún momento pisaré el freno.


—¡Qué pena me das! Pero es tu dinero. Puedes gastarlo como quieras.


—Eres demasiado amable.


—Lo sé… Aunque me pregunto cómo puedes tomártelo así, sabiendo que todo lo que tienes se lo robaste a mi padre.


—No robamos a tu padre —replicó Pedro.


—Sí, lo hicieron —Paula pretendía fulminarlo con la mirada, pero su rostro no quiso colaborar—. Yo estaba allí, Pedro. Entraron en nuestra casa y nos quitaron todo lo que teníamos. Le arrebataste a mi padre el negocio que se había pasado la vida construyendo, y lo menospreciaste y humillaste.


Cuando Pedro por fin habló, había un hielo en su voz que ella nunca había oído antes.


—Tu padre nos robó. Nos vendió terrenos no urbanizables y sobornó a inspectores y funcionarios para encubrirlo. Era nuestro primer negocio y nos habíamos matado a trabajar desde los doce años para financiarlo, pidiendo un crédito para cubrir el déficit. Gracias a tu padre, nos vimos obligados a pagar unas deudas desorbitadas por unas tierras sin valor. Nos costó años de trabajo pagar esas deudas y empezar de nuevo, y el día que nos hicimos con el control de su negocio y lo echamos a la calle sigue siendo el mejor de mi vida. Se lo merecía, se lo había buscado durante años, no solo por nosotros, sino por todos los negocios y personas a los que había estafado a lo largo de los años —abrió de golpe la puerta del bungaló—. Esto es para tu uso personal.

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