lunes, 16 de marzo de 2026

Venganza Y Seducción: Capítulo 67

 —Sí. La cuidamos lo mejor que pudimos, pero éramos niñas. Cuando Delfi consiguió el trabajo contigo, pudimos permitirnos enviarla a rehabilitación a Sudamérica.


Pasó un largo rato de silencio.


—Todo lo sucedido nos unió a Delfina y a mí. Su fortaleza era asombrosa y, en cierto modo, me inspiró a ser fuerte también. Me mantuvo cuerda. Cuidamos de mamá, y la una de la otra, y juramos vengarnos de los hombres que mataron a nuestro padre y empujaron a nuestra madre a la adicción. Queríamos golpearos donde más doliera… El negocio. Todo lo que hemos hecho desde que Delfina fue a la universidad para convertirse en candidata ideal para tu empresa ha sido con ese objetivo.


—¿Contigo de telonera?


—No. Yo trabajaba en la trastienda del proyecto. Todas las decisiones las hemos tomado juntas. Todo el dinero que ganábamos iba al mismo bote.


—Pero tú querías ser enfermera.


—Necesitaba ganar dinero. Ambas hicimos sacrificios, pero lo vimos así. Me encanta mi trabajo con los niños. Es el trabajo más gratificante del mundo y no lo cambiaría por nada.


El dolor que había comenzado en el pecho de Pedro era tan fuerte que tuvo que exhalar lentamente para aliviarlo.


—Un par de veces, hablando de tu venganza, lo has hecho en pasado… —absurdamente, Pedro casi tuvo miedo de preguntar—. ¿Significa eso que me crees?


-Yo… Pedro… —Paula respiró hondo—. He tenido dudas.


—¿Qué clase de dudas? —preguntó él con delicadeza.


—Creíamos ciegamente todo lo que papá nos decía —admitió ella, el amargo sabor de la culpa subiendo por su garganta.


—Sé que duele, bella, pero admitir que era un bastardo en los negocios no tiene por qué empañar tus recuerdos de él como padre.


—Pero me siento desleal por cuestionármelo —susurró Paula.


—El niño está programado para confiar en sus padres —continuó él—. Cuando mi madre huyó sin mí… Casi me destrozó. Desde entonces, solo he podido confiar en Ezequiel.


—¿Por eso nunca has mantenido una relación duradera? —preguntó ella con cautela.


—No lo había pensado —él soltó una carcajada—, pero es muy probable. Mi vida social es muy divertida y tengo muchos amigos, pero nadie cercano. Eso incluye a mis anteriores amantes. Nunca había mantenido una conversación, ni compartido las confidencias que te hice ayer.


—Lo mismo digo —admitió ella—. Delfina y yo nos lo contamos absolutamente todo, porque tuvimos que unir fuerzas. Siempre recuerdo cómo eran las cosas antes de perderlo todo, lo felices que éramos como familia, lo segura que me sentía. Debo aferrarme a eso. Cuando hablo por FaceTime con mamá, a veces percibo a la madre que recuerdo. Y cuando pienso en mi padre, recuerdo al hombre que me leía y que más aplaudía en mis recitales de ballet. Me mata pensar que no era así.


—Sí que lo era, cara. El hombre de familia y el hombre de negocios eran partes separadas de él.

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