miércoles, 25 de febrero de 2026

Venganza Y Seducción: Capítulo 46

 —Prefiero cantar —Paula se esforzó por sonar indiferente.


—Yo no —él hizo una mueca mientras se preparaba. La bola amarilla fue directa a la tronera.


—¿Cómo es que se te da tan bien? —Paula tenía que llevarlo a un terreno más seguro—. El billar —aclaró rápidamente antes de que la malinterpretara.


—Tengo una mesa de billar en mi ático de Londres, y en mi casa de la Toscana. Me gusta jugar.


—Eso encaja con tu imagen de playboy —no debía olvidarlo.


Cuando la fuerza del magnetismo y la personalidad de Pedro amenazaran con borrar el daño que había causado a su familia, necesitaba recordar la cadena de corazones rotos que había dejado esparcidos por el mundo.


—No tengo una imagen de playboy.


—¡Claro que sí! Te he investigado. Un millón de veces. Tienes tu propio hashtag. HotAlfonso.


—No lo creé yo.


—Tus admiradoras. Eres un playboy al que le encanta la fiesta.


—No es un crimen que un hombre soltero vaya de fiesta y salga con  mujeres.


—Solo digo que tu imagen no encaja con la de un hombre que debe haber pasado horas ante una mesa de billar para ser así de bueno.


—El billar me ayuda a relajar la mente, a desconectar —los labios de Pedro se curvaron en una sonrisa torcida—. Cuando no hay ninguna mujer ardiente que me ayude a relajarme, claro.


—Intentas fastidiarme —habló ella con serenidad.


—¿Lo estoy consiguiendo?


—No.


La sonrisa cómplice indicaba que no la creía.


—Sería imposible para mí tener tanto éxito en mi negocio si saliera todas las noches. A mi edad ya sufro resacas.


—¡Vaya! Pobrecito.


—Gracias por tu simpatía.


—De nada.


—¿Te das cuenta de que he ganado?


Mientras bromeaban, Pedro había vaciado la mesa y solo quedaba la bola negra. Ella no podría superar su puntuación.


—¿Tendré mi premio?


—¿Qué premio? —Has hecho trampas —lo acusó ella.


—No es verdad —Pedro dejó el taco sobre la mesa y se acercó a ella—. Estaba observando. Tu trasero es realmente delicioso.


El corazón de Paula se volvió a acelerar. Apartándose de él, sacó el triángulo de la ranura.


—Me has distraído. Juega otra vez…Sin hacer trampas.


—¿Llamas a eso distracción? Bella, eso no es nada para lo que podría haber hecho.


—Para mí es hacer trampas —la pelvis de Paula se contrajo, pero mantuvo la concentración—, y esta vez vas a jugar limpio. Empiezo yo.


Paula pidió más bebidas por el interfono y colocó las bolas. Después de tizar el taco, se preparó para dar el primer golpe, pero antes de poder hacerlo, se olvidó de desenfocar a Pedro, que apareció en su línea de visión. Se había quitado el polo, exhibiendo el delicioso torso desnudo.


—Me estaba entrando calor —los ojos de Pedro brillaron, aunque su tono de voz era inocente.


—Pues sube el aire acondicionado.

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