lunes, 9 de febrero de 2026

Venganza Y Seducción: Capítulo 21

Celebraría la destrucción de Pedro y su aborrecible primo con todas las comidas que se negaba para parecer un insecto palo. Para el segundo plato había elegido atún fresco, frito con especias japonesas y servido sobre un lecho de cuscús con pimientos asados. El atún fresco era un caro manjar que normalmente no podían permitirse Paula y Delfina, y como era sano, y la ración pequeña, se lo comió todo. El postre era helado casero de fresa sobre una base de migas de chocolate, pero, por divino que fuera su sabor, solo se permitió un par de cucharadas pequeñas antes de apartar el cuenco.


—¿No hay ninguna comida que te guste tanto como para atiborrarte? —preguntó Pedro, observándola atentamente. 


El regreso de Paula a cubierta le había obligado a recomponerse rápidamente. Años perfeccionando una cara de póquer, para no darle a su padre la satisfacción de ver el miedo en su mirada, le permitió guardar la compostura sin esfuerzo. Por dentro era otra cosa. Se sentía como si le hubieran dado un puñetazo. La mentirosa y tentadora confabuladora sacudió la cabeza. «Mio Dio», hasta la esbelta figura de Paula era falsa. El salvapantallas seguía apareciendo en su mente. Había reconocido a la otra mujer antes que a ella. No era fácil asociar a la esbelta rubia que picoteaba su comida delante de él con la rolliza mujer de pelo castaño oscuro de la foto. Con la cara pegada a la de la otra mujer, sujetaba un enorme helado como si temiera que alguien se lo arrebatara. Solo los ojos azul oscuro le habían revelado que era la timadora que tenía delante. Esa mujer no era Paula Fernández. Era Paula Chaves, hija del bastardo que había estafado a los primos Alfonso vendiéndoles terrenos sobre los que no se podía construir. Su primer negocio aún dejaba un regusto amargo en la lengua de Pedro, y ni siquiera la venganza ejercida sobre ese hombre lo había suavizado. De tal palo tal astilla. O, mejor dicho, de tal palo tales astillas. Porque había dos hermanas Chaves. Y la otra, la mujer que había reconocido inmediatamente en el protector de pantalla, estaba en una posición mucho más peligrosa para infligir un daño severo a los primos Alfonso.

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