viernes, 6 de febrero de 2026

Venganza Y Seducción: Capítulo 19

 —Puedo hacerlo despacio —él chasqueó los dientes y lamió el lóbulo de su delicada oreja—. Puedo hacer lo que quieras.


—Tenemos todo el tiempo del mundo —Paula apoyó suavemente las manos en los hombros de él.


—Todo el tiempo que necesitamos —susurró él, dándole un ligero beso en los labios.


El aturdimiento regresó a los ojos de Paula, que parpadeó y miró por encima del hombro de él.


—Parece que la comida está lista —anunció alegremente—. Venga, vamos a comer.


—Dame un minuto y me reuniré contigo —Pedro la soltó.


Ella frunció el ceño.


—Necesito refrescarme un momento —Pedro sonrió con tristeza y bajó la mirada—. No quiero escandalizar a la tripulación.


Ella siguió su mirada. Una mancha de color se extendió por sus mejillas al comprenderlo, y tardó más de lo normal en serenarse.


—Claro, será mejor que te quedes aquí un rato. ¿Una cerveza fría?


—Sería estupendo.


Paula salió de la piscina. Él no creyó imaginarse el ligero tambaleo mientras regresaba al área de descanso. Dio, su cuerpo… «No te concentres más en ese cuerpo caliente», se reprendió a sí mismo mientras suspiraba internamente, decepcionado, cuando ella se cubrió con una toalla. Quizá debería pedirle a ella que le llevara la cerveza fría y se la echara en el bañador. El personal estaba ocupado sirviendo platos y vasos en la mesa de cubierta. Issy acababa de sujetarse el pelo cuando, de repente, tomó su teléfono y leyó algo. Seguía leyendo cuando un miembro de la tripulación se le acercó. Volvió a dejar el teléfono sobre la mesa, asintió al tripulante, le indicó que él tardaría dos minutos, y desapareció. Pedro no había nadado tan rápido en su vida. Saltó del agua y corrió a la mesa donde estaban sus cosas. Apoyó la mano en una toalla que le había dejado un miembro de la tripulación y tomó el teléfono de Paula.


—Avísame cuando vuelva —ordenó al miembro de la tripulación más cercano mientras sacaba su propio teléfono y un dispositivo de clonación de alta gama del bolsillo trasero de los pantalones cortos de loneta que había dejado colgados sobre una silla. En unos instantes, había copiado todos los datos del teléfono de Paula en el suyo.


Dejó el teléfono de ella donde lo había encontrado, se quitó el bañador, se envolvió con una toalla seca, se sentó a la mesa y bebió con avidez la cerveza que tenía delante. Sonrió satisfecho al saber que había subido las apuestas a su favor. Encendió la pantalla de su teléfono para echar el primer vistazo a su recompensa. Apareció el salvapantallas de Paula.


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