lunes, 27 de abril de 2026

Quédate Conmigo: Capítulo 27

Cuando su padre le quitó el teléfono a su madre, Paula comprendió que las cosas no iban bien. Eso no le impidió tomar el vuelo y pagar un coste extra para tener Wi-Fi y poder estar en contacto con sus hermanos mientras volaba hacia el norte. El avión estaba justo al sur de los Grandes Lagos cuando recibió el mensaje. Su madre, su mayor defensora y su mejor amiga, acababa de fallecer. Se pasó el resto del vuelo mirando por la ventana, con las lágrimas cayéndole silenciosamente por las mejillas.  Abrió los ojos y miró hacia el mar. Las semanas que pasó en su casa estuvieron sumidas en una triste bruma, sumida en la pena producida por una pérdida que la atenazaba a cada instante. Siempre había podido ver el lado bueno de todas las cosas, centrarse en lo positivo, igual que su madre. Sin embargo, aquel suceso la había sacudido hasta lo más profundo de su ser y le había hecho ver por primera vez en su vida la verdadera tristeza. Mudarse a Londres para trabajar en Nettleton & Thompson como becaria había sido la oportunidad que necesitaba para recobrar la alegría. Se había entregado en cuerpo y alma a su trabajo. Sabiendo que había conseguido todo lo que su madre había soñado para ella y segura de que sus padres estarían orgullosos de ella, la había mantenido en pie durante los dos últimos años de su vida. Al menos al principio. No había impedido que el descontento empezara a apoderarse de ella, sobre todo a lo largo del último mes. Le daba la sensación de que, en su búsqueda por ser una mujer responsable y madura, por hacer todo lo que sus padres habían esperado de ella, había pasado por alto algo crucial. Prácticamente no había salido ni viajado en aquellos dos años. Incluso la lectura, que era lo único para lo que hacía tiempo, se había convertido en una obligación más que en una fuente de relajación. En vez de novelas románticas o de misterio, sus favoritas, leía artículos legales, estudiaba casos y muestras de testamentos hasta que se los sabía de memoria. Se le daba bien encontrar las cosas buenas de la vida, pero ¿cuándo había sido la última vez que disfrutó de un largo almuerzo o había aceptado la invitación de un compañero para salir o incluso había viajado a algún sitio fuera de Londres? Un año. Tal vez más. Aquellos pensamientos empezaron a resultarle incómodos. Se alejó de la ventana y, en ese momento, se dio cuenta de que la tormenta había sido una bendición. Le había dado una segunda oportunidad para conseguir que Pedro Alfonso firmara antes de marcharse. Iba de camino al cuarto de baño cuando un golpe en la puerta la sacó de sus pensamientos. Se dió la vuelta justo cuando la puerta empezaba a abrirse.


—¡Un momento!


—Señorita Chaves…

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