miércoles, 22 de abril de 2026

Quédate Conmigo: Capítulo 21

Cuando entró en la parte del sendero cubierta por los árboles, la lluvia dejó de caer con tanta fuerza. Vió que Paula seguía avanzando con paso ligero hacia el puente.


—¡Señorita Chaves!


Ella se dió la vuelta por fin y frunció el ceño. Pedro se acercó a ella y, durante un instante, la vio de otra manera, como si fuera un ser mágico y misterioso. El viento se le enredaba en los rizos y hacía que estos golpearan su hermoso rostro. Con la ligera inclinación de la barbilla y la chispa de vida en los ojos verdes, Paula le recordaba a un hada o a una pícara duende. 


—¿Quería asegurarse de que me marcho?


—Es mejor que regrese hasta que la tormenta haya terminado.


Paula lo miró fijamente, con los labios ligeramente entreabiertos.


—¿Cómo ha dicho?


—Es demasiado peligroso para ir andando. La gasolinera más cercana está a más de tres kilómetros.


—Me dijo que me marchara. No quería quedarme si no soy bienvenida.


—Eso fue antes de que me percatara de lo peligrosa que es la tormenta. 


Paula sacudió la cabeza.


—No tengo interés alguno en quedarme a su lado, señor Alfonso. Puedo llegar hasta la carretera y llamar a quien me ha traído hasta aquí para llegar a cubierto antes de que la tormenta empeore.


—La tormenta está empeorando muy rápido. No sea tonta.


Los ojos de Paula rezumaban ira. Antes de que ella pudiera replicar, un rayo restalló en el cielo, atravesando la cúpula de árboles y golpeando el tronco de uno de los robles. El trueno resonó inmediatamente después, casi ensordeciendo el profundo crujido de la madera. Pedro se abalanzó sobre Paula y le rodeó la cintura con los brazos. Entonces, la hizo caer sobre el suelo cuando el enorme roble comenzó a desmoronarse. Los dos cayeron sobre la tierra y rodaron. Él mantuvo el cuerpo de ella pegado al suyo. Plantó los pies para quedar encima de ella y protegerla con su cuerpo. La tierra tembló bajo sus cuerpos. Entonces, levantó la cabeza y vió que el roble había caído a pocos metros de distancia. Miró a Paula y vió que ella estaba muy pálida. Contemplaba el árbol con los ojos desorbitados.


—¿Se encuentra bien?


Lentamente, Paula asintió. Le miró el rostro y luego los cuerpos de ambos apretados y muy juntos. Las mejillas se le sonrojaron. La visión resumía perfectamente el deseo que la había invadido antes cuando estaba de pie en el vestíbulo de la mansión, amable y hermosa, aterradora en la percepción que tenía de la situación y maravillosa en su desafío. Pedro se apartó rápidamente de ella antes de que Paula pudiera sentir la evidencia de su excitación. Se puso de pie y le ofreció la mano para ayudarla a ponerse de pie. Los dos miraron a la vez el árbol caído que, en aquellos momentos, yacía en el suelo herido de muerte. Pedro sintió que se le hacía un nudo en el pecho. Le pareció que era ridículo ponerse sentimental por un árbol, así que se giró hacia la mujer que tenía a su lado. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario