miércoles, 15 de abril de 2026

Quédate Conmigo: Capítulo 11

En ocasiones, Paula se preguntaba si debería haberles dicho a sus padres que hubiera preferido un bufete más pequeño o una organización dedicada a ayudar a la gente que necesitaba de sus servicios en vez de trabajar para los que podían pagar una fortuna. Pero entonces, recordaba la última conversación que tuvo con su madre, el orgullo que tenía la débil voz de Alejandra Chaves. Su versión del sueño de su vida pasaba entonces a un segundo plano. El siguiente paso de ese sueño estaba a su alcance, tan cerca que le volvía loca que un hombre tuviera en las manos su trayectoria profesional en Nettleton & Thompson. Recordó la única imagen que tenía de él. Envuelto entre las sombras. No había razón alguna para que su cuerpo respondiera como lo había hecho a la mirada que habían compartido. La tensión le atenazó los músculos. Se le aceleró la respiración al recordar la profunda oleada de calor que sintió en el vientre, un calor que se le había extendido por todo el cuerpo y que la había dejado sin fuerzas a pesar de las chispas que le restallaban en las venas. Totalmente ridículo. Entonces, ¿Por qué no podía olvidarlo? ¿Por qué llevaba una semana despertándose entre sábanas revueltas, con el corazón acelerado y experimentando las sensuales sensaciones de sueños que jamás había experimentado y cuyos recuerdos la acompañaban a lo largo de todo el día?


Se detuvo a mitad de camino del puente. Una curiosidad morbosa la empujó a acercarse al borde para asomarse. La caída hasta el pequeño riachuelo producía vértigo. Contuvo el aliento. Sabía que estaba a salvo tras el sólido muro de piedra, pero el corazón se le había acelerado tanto que decidió seguir andando. Paso a paso, se acercaba al único hombre que había despertado en ella una curiosidad carnal que, a pesar de sus mejores intenciones, no era capaz de ignorar. Le había resultado fácil resistirse a las atenciones del amor adolescente porque, por aquel entonces, su único objetivo era ganar dinero para poder ir a la universidad. Cuando llegó a Chicago, las relaciones sentimentales habían quedado relegadas al último lugar de su lista de prioridades. Florencia, una de sus compañeras, había llegado a afirmar que sus expectativas sobre una posible pareja eran imposibles de alcanzar para ningún hombre. Tal vez Florencia tenía razón. Tal vez nunca dejaba que sus citas fueran más allá de un beso porque tenía miedo de que al aura de fantasía con el que había rodeado su primera vez y al hombre con el que compartiría su intimidad se desvaneciera en cuanto se enfrentara con la realidad. Tal vez sus expectativas se harían pedazos al chocar con la realidad. Desgraciadamente, todo lo que había soñado en la seguridad de su cama y de su piso estaba cobrando vida en el peor momento posible. Por no mencionar con el peor hombre posible. Su móvil empezó a sonar, sacándola de sus pensamientos. Cuando vió de quién se trataba, respondió inmediatamente. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario