miércoles, 29 de abril de 2026

Quédate Conmigo: Capítulo 35

En vez de echarse a llorar o ponerse a despotricar contra Pedro, Paula se limitó a inclinar la cabeza a un lado y a mirarlo muy fijamente con aquellos ojos verdes que parecían ver demasiado.


—¿Le funciona?


—¿El qué?


—Ese escudo impenetrable detrás del que se esconde.


Entonces, dió un paso al frente. Pedro sintió que los músculos de la espalda se le tensaban y, de repente, se sintió acorralado.


—Habla a la gente de mala manera. Les dice cosas horribles para apartarlos de su lado —dijo. Otro paso más al frente. Un ligero aroma a jazmín lo envolvió, turbándolo con su atractiva fragancia—. Sin embargo, yo creo que hay algo más.


—No me había dado cuenta de que tiene también conocimientos depsicología. 


—No los tengo. Tan solo se me da bien leer a la gente. Usted mantiene las distancias porque así no tiene que esforzarse.


—¿Cómo dice?


—Cuando es grosero con la gente, marca un precedente. No tiene que esforzarse ni ser amable porque la gente no lo espera de usted. Así, se puede esconder en su casa de Kent o en su exclusivo y secreto club de Londres o donde sea y… —se interrumpió un instante, levantando las manos como si estuviera tratando de agarrar las palabras que no lograba encontrar—… dejarse llevar por su dolor y su tristeza.


—¿Cómo?


—Así es. Yo perdí a mi madre hace unos años. Sé que es duro seguir adelante…


—Usted no sabe nada —le espetó.


Pedro prácticamente escupió las palabras y vio que ella abría los ojos, muy alarmada.


—No intente construir un puente entre nosotros, señorita Chaves. No tenemos puntos comunes. Sí, los dos hemos perdido a nuestras madres, pero ahí terminan las similitudes entre nosotros. Si cree que porque me haya contado los detalles tristes de su vida va a conseguir que yo firme ese contrato, está muy equivocada.


Se había excedido. Había ido demasiado lejos. Paula no lloró, ni protestó. De hecho, ni siquiera parpadeó. Sin embargo, Pedro sintió un cambio en el ambiente, un frío gélido que indicaba que el corazón de Paula Chaves se había endurecido en contra de él por sus desconsideradas palabras.  Avergonzado, apartó la mirada y vió su reflejo en el cristal de un cuadro que colgaba de la pared. Las cicatrices que le afeaban el rostro, transformando la belleza que había poseído en el pasado en algo animal, desnaturalizado. Monstruoso. Así era como lo había llamado Karina y tenía razón. El modo en el que se había comportado era monstruoso. Sin embargo, ¿Cómo si no podía protegerse?

No hay comentarios:

Publicar un comentario