lunes, 20 de octubre de 2025

Falso Matrimonio: Capítulo 6

Paula debía haber adoptado ese enfoque para lavar su conciencia. Tenía que resultarle más fácil dormir por la noche así, que admitir la verdad de que su padre había sobornado a un empleado de Horacio Alfonso para que saboteara el negocio hasta conseguir que hincase la rodilla en tierra y no le quedara más cáscaras que vender, tanto la casa familiar en la que tenía pensado hacerse viejo junto a su adorada esposa, como el negocio que llevaba generaciones en la familia Alfonso. Pero, en lugar de abrir la puerta a la acidez que le ardía en la garganta, se centró en el objetivo a largo plazo y cruzó los brazos mientras la miraba.


—Lo fue. Y lo peor es que yo no estuve aquí para apoyarlos. Debería haber estado. Eso es lo que hace un buen hijo: Cuidar de sus padres y compartir sus cargas. Es algo con lo que tendré que aprender a vivir. Ahora tengo que cuidar de mi mamma.


—¿Qué tal lo lleva ella?


—No muy bien. Estos días está con su hermana en Florencia. La pobre va poco a poco, pero espero que no tarde mucho en estar preparada para volver a Sicilia.


«En cuanto yo haya recuperado esta casa», añadió para sí.


—Perdóneme. No pretendía entristecerle.


—No hay nada que perdonar. En realidad, no sé por qué le he contado todo eso. No nos conocemos.


Y le dedicó una mirada con la que le decía lo mucho que le gustaría que eso cambiara. El rojo que coloreó sus mejillas le confirmó que había captado el mensaje. No solo lo había recibido, sino que estaba receptiva. Como playboy no le llegaba a su hermano ni a la suela del zapato, pero nunca había tenido problemas para encontrar mujeres dispuestas a arrojarse en sus brazos. Era curioso lo que el estatus de millonario junto con los rasgos físicos que la sociedad consideraba atractivos podía hacer por el sex appeal de un hombre. A él se le daba de perlas leer el lenguaje corporal de una mujer, y el de la señorita Chaves no podía ser más claro. Había pasado una semana intentando averiguarlo todo sobre ella, y se había llevado un gran chasco al descubrir que había bastante poco que saber. Se había educado en un convento hasta los dieciséis, y hasta hacía unos diez días, había llevado vida de reclusa en la villa de su padre, fuertemente custodiada. Apostaría su último céntimo a que era virgen. Un capullo de rosa esperando que un hombre la hiciera florecer. Solo un hombre con una inmensa riqueza y un pasado intachable podría tocar a cualquiera de las preciosas hijas de Miguel Chaves. Un hombre como él mismo.

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