miércoles, 29 de octubre de 2025

Falso Matrimonio: Capítulo 24

Apoyó la espalda en la pared y, con los brazos cruzados sobre el pecho, la miró. No iba a ablandarse por su expresión atónita. No iba a sentirse culpable por la mujer cuyos actos habían contribuido a precipitar la muerte de su padre.


—¿Se te ha comido la lengua el gato, princesa? Debe ser difícil para tí descubrir que eres la beneficiaria de los manejos fraudulentos e inmorales de tu familia, por lo que es bien conocida.


Una lágrima solitaria rodó por su mejilla.


—No conocí a tu padre —dijo, serena—. Firmé mi parte de la escritura con el abogado de mi padre. No sabía nada de… —cerró los ojos con fuerza y respiró hondo—. ¿Para qué voy a seguir? No me vas a creer —lo miró—. Y la verdad, no sé si me importa que me creas o no. Lo que me has hecho es enfermizo.


Se levantó de golpe, entró en el dormitorio y lanzó la maleta sobre la cama.


—¿Qué haces?


Si creía que podía salir corriendo a pedir la ayuda de su papi, estaba en un error. No sabía cómo podía impedirlo pero, desde luego, iba a intentarlo.


—Si tanto quieres la casa, quédatela.


Sus manos no querían cooperar, pero por fin consiguió descorrer la cremallera de la maleta y sacar las escrituras que había preparado el abogado de Pedro. Las náuseas que le estaban poniendo el estómago del revés amenazaron con hacerla vomitar allí mismo. Dios bendito… Lo que le había dicho podía ser cierto. De hecho, las dudas habían andado rondándola todo el día. Según había dicho Delfina, Pedro podía haber comprado la casa y el negocio solo con los intereses que ingresaba a diario. ¿Por qué entonces casarse con ella? Tenía que haber otro motivo, aparte de un montón de ladrillos y cemento. Y ella, en el fondo, se había temido que aquella terrible realidad tuviera que ver con su padre. «No tuvo que usar armas, ni amenazas, para salirse con la suya, cuando una extorsión y, después, un rescate podían proporcionarle lo que tanto ansiaba». Hubo una ocasión en la que, siendo muy joven, se quedó sin papel de dibujo, y se le ocurrió entrar en el despacho de su padre a buscarlo, cuando tenía totalmente prohibido entrar allí. Pero su padre estaba fuera, la niñera estaba haciendo algo con Delfina y ella quería conseguir más papel para seguir dibujando, así que no dejó que las consecuencias de saltarse las prohibiciones le impidieran conseguirlo. Abrió el cajón de su mesa y rebuscó, pero su desafío a la autoridad de su padre cesó de golpe cuando tocó algo frío y metálico.

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