lunes, 27 de octubre de 2025

Falso Matrimonio: Capítulo 20

 -¿Seguro que estás bien?


Habían vuelto a la suite después de pasarse el día dejándose mimar en el spa del hotel, y Paula había encendido el televisor y se había acomodado en el sofá.


—Estoy un poco cansada —contestó sin mirarlo, usando las mismas palabras con las que le había contestado cada vez que él le había hecho aquella misma pregunta.


—¿Quieres que te pida un café?


Paula consultó el reloj y negó con la cabeza.


Pedro se había imaginado que se despertarían la mañana siguiente a su boda en la cama, apretados el uno junto al otro, mientras Paula le declaraba su amor con dulzura, pero la realidad había sido que se había despertado solo, y la había encontrado vestida viendo la televisión y tomando café.


—Ah, ya estás despierto —fue lo que le dijo, con una sonrisa que no tenía la alegría de siempre—. Me muero de hambre.


Había sugerido que pidieran el desayuno al servicio de habitaciones, pero ella había insistido en que quería bajar al restaurante. Cuando fue a darle un beso de buenos días, Paula apenas se dejó rozar los labios antes de ponerse en pie y meterse en el baño, cerrar la puerta y echar el seguro. Se había imaginado que pasarían el día yendo de la mano y besándose a cada momento, pero tampoco había sido así porque ella había reservado todos los tratamientos que había en el spa y apenas la había visto. Él sí que había pasado el día en un estado de excitación sexual casi constante, incapaz de dejar de mirarla los escasos momentos en que se habían visto, deseando encerrarse en la habitación y pasar haciendo el amor las horas que faltaban para que saliera su vuelo, pero el lenguaje corporal de Paula le había dejado bien claro que no era eso lo que tenía pensado. Quizás fuera el bajón después de los nervios de la boda. O que se sintiera un poco desbordada por todo. Al fin y al cabo, era virgen, y su distanciamiento podía deberse simplemente a que estuviera un poco dolorida. Abrió el minibar y buscó la botella de bourbon que había pedido.


—¿Quieres?


Ella negó con la cabeza y, flexionando las piernas, se las rodeó con los brazos.


—¿Paula?


—¿Qué?


—Te pasa algo. Dime qué es.


Ella lo miró un instante antes de volver sus ojos a la pantalla del televisor. ¿Era desprecio lo que había creído percibir en aquella mirada? La inquietud que le había estado persiguiendo todo el día creció. Bebió un buen trago de bourbon antes de acercarse y agacharse delante de ella.


—Háblame —le pidió, tomando sus manos—. Cuéntame lo que piensas. ¿Te hice daño anoche? ¿Te preocupa que no usáramos preservativo?


Ese había sido un error que no había dejado de reprocharse, pero es que había estado tan centrado en que todo saliera bien para ella que, por primera vez en su vida adulta, se olvidó de ello. Ojalá fuera un error que no le persiguiera más adelante. No había sitio para un niño en aquella farsa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario