miércoles, 22 de octubre de 2025

Falso Matrimonio: Capítulo 15

 La timidez y los nervios se apoderaron de Paula en aquel silencio.


—Qué bonito —dijo, intentando parecer despreocupada. 


«Bonito» no era la mejor palabra para describir aquel espacio. Partiendo de la zona de estar, un camino hecho de pétalos de rosa y velas en preciosas copas de cristal unía la lujosa zona de estar, atravesando una puerta de doble hoja, con la alcoba. Allí, una enorme cama con baldaquino, del que colgaban unas caídas de muselina dorada, presidía el espacio, aupada en una tarima. Más pétalos de rosa formaban un corazón gigante sobre la colcha dorada. En una mesa baja de cristal delante de los sofás, había una botella de champán en un cubo de hielo y dos copas.


—¿Lo abrimos? —sugirió Pedro.


—Estaría bien.


Otra frase insípida. Insípida, una palabra que había aprendido hacía apenas un mes, significaba precisamente lo contrario a como se sentía por dentro. Las mariposas que revoloteaban en su estómago estaban tan alteradas que se le habían subido hasta la garganta, dificultándole el habla. Pedro destapó la botella y sirvió las dos copas. Cuando ella tomó la suya, parte del líquido se le derramó en la mano, que le temblaba.


—Por nosotros —brindó él, alzando su copa.


—Por nosotros.


Tan temblorosa había sonado su voz que tomó un trago casi demasiado largo.


—Pareces asustada —aventuró él, y le quitó la copa de la mano para dejarla en la mesa.


Paula tragó saliva y se obligó a encontrarse con el verde de sus ojos.


—Un poco.


—No tienes por qué —contestó, poniendo una mano en su cuello—. No tenemos que hacer nada que no quieras, o para lo que no te sientas preparada. Si quieres que esperemos, no tienes más que…


—No quiero esperar —cortó, y respiró hondo. 


Esperar solo serviría para hacerlo todo más difícil, para que sus miedos crecieran, y en realidad, ¿De qué tenía miedo? Pedro haría que fuera especial… ¿No?


—¿Qué te parece si nos llevamos el champán a la terraza? —sugirió con una sonrisa que hizo aparecer sus hoyuelos.


La sonrisa de ella fue bastante más tensa.


—Perfecto.


Con las manos entrelazadas, atravesaron la habitación y abrieron el ventanal que daba a una hermosa terraza sobre el mar Tirreno. Un sofá para dos con cojines en forma de corazón ocupaba un rincón iluminado por pequeñas luces. Pedro había leído el miedo en los ojos de Paula y se sintió culpable. Pensó en su primera vez. La excitación era tan grande que el miedo no hubiera tenido sitio para existir, pero la primera vez para las mujeres era distinta y, por mucho que la despreciara, sabía que tenía que ir despacio. Si tenía que esperar para consumar el matrimonio, lo haría. Mejor esperar que traumatizarla de por vida en lo referido al sexo. Quería vengarse, pero no destruirla por completo. Sostuvo la cola de su vestido para que pudiera sentarse cómodamente y luego se acomodó a su lado. La rigidez de su postura hablaba por ella. Aunque dijera que no quería esperar, era evidente que estaba aterrorizada. Le pasó el brazo por la cintura e hizo que se girara para que su espalda quedase apoyada en su pecho.

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